LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

DE NOCHE

–Federico… Federico… Estás roncando… ¿Te acordaste de tomar el antiácido y el antialérgico antes de acostarte? Mejor te los tomas ahora… Gracias mi cielo…

–Federico… Estás roncando otra vez… Federico, no puedo dormir… Muévete un poco, a ver si así no roncas… Gracias…

–Federico… Federico… Estás roncando… Ponte boca abajo para que dejes de roncar… Gracias mi amor…

–Federico… Federico… Estás roncando mucho… A ver, ¿por qué no te pones una de esas tiritas para la nariz? Gracias…

–Federico… Federico… Estás roncando… Échate el spray antirronquidos que te compré hoy en la farmacia… Gracias mi vida…

–Federico… Federico… Estás roncando de nuevo… ¿Por qué no intentas con una almohada más, para que estés en una posición inclinada? Gracias…

–Federico… Estás roncando… Federico, no puedo dormir, me despiertas de golpe… Haz algo, pero deja ya de roncar, ¡por favor! Tal vez si te doy la espalda no se oiga tanto…

–Federico… Federico… ¡Estás roncando cada vez más fuerte! ¡Esto no lo aguanta nadie! ¡No he podido dormir en toda la noche! ¿Y cómo haces para comenzar a roncar justo cuando cierro los ojos? Apenas los abro, ya no haces ruido... Federico… Federico… Pero… ¿dónde estás…? ¿Cuándo te fuiste…?



©2009 PSR

miércoles, 23 de diciembre de 2009

ALMA GEMELA

“…Alma gemela, no sabía que existías. Eras un concepto extraño, etéreo, totalmente ajeno a mi realidad. A pesar de que soy sensible a tantas cosas intangibles, ignoraba que pudieras ser. Pero hoy, sin buscarnos siquiera, nos encontramos y de inmediato lo supe: hemos estado revoloteando por cada lado, vibrando en sintonía sin percatarnos, rozando nuestra energía levemente en algún cruce fortuito y siguiendo nuestros espacios por separado, cuando en realidad todo eso no era sino una danza en gran espiral loco que nos acercaba cada vez más al inevitable encuentro.

Nunca te busqué; no me hacía falta nadie más. Andaba contenta por la vida coleccionando almas bellas que aparecían solas, a las que abría las puertas para que entraran a vivir en mí, y que llevaba conmigo como parte de mi existir. Incluso hace tiempo te dejé entrar a ti también, sin saber que luego te descubriría como mi espejo. El destino hizo lo suyo; detalles casi imperceptibles se fueron acumulando modestamente en un rincón del ser, hasta que de repente, un buen día de sol y brisa, mi alma se tropezó con ellos y te descubrí a su lado, cuidándolos como quien quiere impedir que el viento revuelva las hojas recién barridas del otoño.

Vivimos en dos mundos paralelos sin puente conector. Sin embargo, siento tu presencia como algo palpable y totalmente real, a pesar de las dimensiones que nos separan. Cada vez te vuelves más imprescindible para mí; imaginar que en cierta medida es recíproco me llena de felicidad y desasosiego a la vez, ¡qué ironía! Nunca me había pasado algo tan fuerte y bello en la vida; sentimientos que se vuelven físicos de la manera más intensa que haya podido registrar mi cuerpo. Un calor perenne en la cabeza que se concentra hacia los lados y la nuca. Una sensación de ardor, vacío y llenura en el estómago, en las entrañas, en el pecho encogido. Una tibieza repentina en el torso y una taquicardia suave pero inminente. Un estar todo el día con tu recuerdo en la mente y el corazón, sin poder registrar hambre ni sueño. En fin, todo mi sistema está trastornado. Esta situación lo está desequilibrando y no puedo hacer nada al respecto. Y sin embargo, de algún modo un tanto masoquista, disfruto a plenitud este sacudón de emociones que trajiste para recordarme que aún estoy viva y que soy capaz de sentir de la manera más sublime. La sonrisa se volvió dueña de mi cara de tanto recordarte. Se me hace prioritario saber de ti; lo necesito para estar en paz conmigo misma y con el mundo. ¿Qué te puedo decir? Contigo me siento arropada; me transmites tranquilidad, me llenas de tu paz y eso me hace bien. Nuestras conversaciones nutren mi alma y me elevan vertiginosamente. A pesar de que me sé una persona espiritual, le has dado un significado aún más profundo a esa espiritualidad; un alcance universal e insospechado que me libera plenamente. No puedo evitar querer verte a cada instante; escuchar tu voz y sentir tu abrazo cálido en una muestra del más puro sentimiento de amistad incondicional. Sabes que estoy a tu lado para acompañarte en cualquier circunstancia que te depare el destino. Nuestras almas se reconocieron y desde ese instante crecen juntas, aunque nuestras realidades sean diametralmente opuestas. Es una verdad contundente que perdurará por toda nuestra existencia; algo que nadie nos quitará jamás.

Además del gran afecto que crece veloz y fuerte, siento un enorme y profundo respeto hacia ti, tus ideas y tu manera de vivir. Me parece que eres un ser humano excepcional y me siento muy orgullosa de poder compartir momentos contigo, con todo lo que eso implica; sueños, gustos, vivencias, opiniones. Y sobre todo, me siento verdaderamente honrada al recibir de ti tantas manifestaciones de cariño, junto al inmenso regalo de tiempo de tu parte; lo más preciado y escaso que hay. No te imaginas lo importante que todo esto es para mí; haber encontrado una persona como tú, en la que además puedo ver el reflejo de mi alma.

Me siento extremadamente cómoda contigo. No tengo que usar ninguna máscara ni esconderme detrás de un disfraz; puedo ser yo misma, y eso me da una libertad incalculable, total. No tienes una idea del gran bien que me haces. Los momentos que compartimos son un respiro, a la vez que me llenan de vida, de alegría y de optimismo. Me he vuelto adicta a tus poemas, tus sueños, tus palabras bellas, las imágenes y las expresiones fuertes y emotivas con las que me cuentas de tus amores y tu vida. Por favor, no dejes de hacerlo nunca. Es para mí un honor saberme lo suficientemente importante como para que me confíes algunas de tus cosas, y te lo agradezco de corazón, no sabes cuánto.

Eres un alma de luz que ilumina todo a su alrededor, sin final a la vista. Tu historia me inspira y me intriga; eres una de las personas más generosas y apasionadas que he conocido jamás, y me da una alegría indescriptible poder confiarte esto con todo el cariño y la admiración que te mereces. Deseo que seas inmensamente feliz, como lo soy yo por habernos reencontrado. Anhelo que todos tus sueños se hagan realidad; que encuentres a la persona indicada para compartir tu vida, sin que ello signifique excluirme de tu ahora continuo e infinito. No podría resistir tu ausencia deliberada; enfermaría de tristeza sin antídoto alguno para mi mal, y eventual y calamitosamente sucumbiría ante tan enorme pena. Me da miedo extrañarte porque sería una prueba de que no te tengo. Sin embargo, sé que estás conmigo de una manera mucho más profunda, y eso me llena de dicha. Espero que lo que tenemos ahora no se acabe jamás, para que siempre estemos presentes en el corazón, la mente y la realidad mutua.

Sabes que te quiero. Por favor, nunca lo olvides…”.


©2005 PSR
fragmento tomado de un trabajo en proceso

miércoles, 16 de diciembre de 2009

PERVERSIÓN

Pamela Polanco Peña pensaba poder paliar penas pariendo patria, pero poderosos políticos presionaron para promover problemas perennes, poniendo puntos por pruebas, palizas por premios, pánico por protección, pecados por paraíso, pérdidas por pertenencias, persecuciones por paciencia, piedras por prados, pistolas por pan, prostitución por pudor, polución por pureza, pobreza por perdón, pérdidas por provecho, palos por palabras, prisión por paisajes, prepotencia por pluralidad, piltrafas por pinturas, pillaje por pueblos, partición por puentes, puertas por protección, persecución por perseverancia, puños por pensamientos, presos por presencia, pisadas por pundonor; penumbrosa providencia para pobre país potentado pagando pues, pletóricamente, precio poco propicio para permitir producción, progreso, prosperidad, plenitud, paz.


©2009 PSR

miércoles, 9 de diciembre de 2009

IMPOSIBLE

dardos de papel carbón
llegan pero no penetran
sólo dejan una mancha polvorienta
enclenque

copular a través de las palabras
usarlas para llegar a ti
para intentar llegar
desesperadamente
inútilmente

esperanza y espera
dos caras de lo mismo
anhelo y cuchillo
uno es aliento
el otro desgarra

filigrana azul azabache
coraza de ébano pulido
gritos silentes al vacío
no llaman; exclaman quedo
seducen

¿cómo puedo tocarte si no me dejas?

mirarte sí, entendí
ni hablar de tacto, menos de un beso
¡que no pase de aquí!

mirarte todo lo que quiera
te dejas
me limitas
nado en sugerencias torpes
inútiles
intentando darles peso a las palabras
luego
se vuelven contundentes
van al fondo sin remedio
mueren ahogadas en ignorancia
fue peor así
lo imaginé

amarte en frases
frases cortas
¡nunca largas!
no hay tiempo
se acabó el tiempo
aunque sea tiempo imaginario

aguardo
lo sabes, te niegas
matas el presente
con el cuchillo aquel
impides que me acerque
“sólo con palabras” insistes
lo repites
necesitas creerlo

tienes miedo, lo sé.



©2007 PSR

miércoles, 2 de diciembre de 2009

ELLA, ÉL

Él estaba en el estacionamiento; egregio, elegante, expresivo. Entre emociones encontradas esperaba el efímero entreacto. Ella entraría escondida, envuelta en encajes encolados en ese elongado embrollo extravagante, esencial. Educada, endulzaría entretanto el espacio embebido en excesivos episodios empañados, ejecutando el ejercicio erótico eficaz en el ecuador elástico, eléctrico, elemental. Entonces, embriagada, espontánea, extremadamente emancipada, extraería espaciada el elíxir emergente entre ecos en enardecidas exclamaciones extenuadas, elípticas. Era ella existencial en extremo: ecuánime, exacta, ética, ejemplar; empero exhibía espectacular ego en elaborar el eje en edema edificado, eclipsando enteramente el enarbolado estandarte eclesiástico. Él, edecán enaltecido, enamorado, enrojecido, echaría el efluvio en efusivo estruendo, ensimismado en ella, ejemplo exaltado ebullendo ebrio en el exilio enmascarado. Entretenidos, extrañarían el edredón efectivo, enmarañado en el estanco estimulantemente enfriado. Eran ellos esculturas entrelazadas elaboradas en ébano encendido, elegido entre elementos excepcionales, eclécticos, ecológicamente esenciales. Ella, él, en edad exquisita, erizados, excitados, enamorados. Enajenados en espectacular elevación, eliminaron egoísmos en ese evento especial estrenándose, entregándose, estirándose, estremeciéndose, estrechándose, estrellándose efusivamente en estrepitoso estampido; empachados, entremezclados eternamente. Ellos eran especialistas en esa empresa extasiante, enloquecedora, envolvente, enviciante; esperaban empepinadamente encontrar el enésimo estimulante encubierto en el enquistado entendimiento, entrecortando exhalaciones envejecidas, esquiladas, entristecidas, engrandeciendo ese éter espiritual evidenciado en el estallante existir. Entonces entrarían, expertos ejercitados, en el eterno edén.


©2009 PSR

miércoles, 25 de noviembre de 2009

MEDIODÍA

Una vez más, como en todas las reuniones de los jueves por la mañana, su jefe la hizo sentir invisible. Terminada la sesión fue a comprar su almuerzo. Al salir del edificio, las nubes se apartaron de pronto y una claridad abrumadora la envolvió por completo, desapareciendo su sombra. En medio del resol y el calor calcinante, se inclinó en derredor buscándola sin éxito. Miró el suelo que pisaba y, al no encontrarla, confirmó lo que siempre había sospechado. Entonces cerró los ojos, dejó escapar un suspiro y se dejó derretir lentamente, quedando sólo una mancha que el asfalto abrasador se ocupó de desvanecer.


©2009 PSR

miércoles, 18 de noviembre de 2009

NEW YORK, NUEVA YORK

Welcome to New York
decía el enorme cartel
frente a mí
y me apresuré a pasar
por aquella puerta
            que, ya trillada,
a todos nos promete
            el ÉXITo
en esta tierra.

JFK Airport
still here
welcoming everyone.
You start running
al ritmo de los demás
buscando el equipaje
el Blue Van
shuttle que me llevará
a Manhattan
            otra isla
que alguna vez fue mi hogar.
Take me there
but this time
to the West Side.

Leaving the airport
the control tower
looks down to you
figura erecta y tiesa
con dos verrugas
vigilantes
te advierte
que esta ciudad
es implacable.
Try hard
try even harder
much harder than nowhere else!
And always remember
to take care.

Queensboro Bridge
puerta de entrada
a mis barrios
Yorkville, the Upper East Side
next to the great park.

Mi vecindario
no ha cambiado tanto
en cinco largos años
Edificios nuevos
otros ya no están
el mismo deli
el sushi, la pizzería
en la Primera Avenida.

Merryl Streep sigue en mi barrio
aunque ya no seamos vecinas.
Nueve años en New York
viviendo…             creciendo…
            soñando…             luchando…
                        amando…             aprendiendo…
buscando algo incierto
para encontrarme a mí misma
en medio de la multitud.
Todos mirando al frente
aquí no te puedes distraer
you have to be focused!
you have to move on!
Next, please!
Next in line, step forward!
Hurry up, hurry up,
            you’re causing a delay.
Nueve años en Nueva York
te curten el alma
te dan una lección
de humildad
…y te hacen newyorkina.
Y nunca dejas de serlo
aunque te mudes lejos
aunque vivas en cualquier otro sitio
aunque nunca regreses
y creas que la has olvidado.
Su mancha de acero
            en tu alma
es imposible de limpiar
o destruir.

Un viaje a Nueva York
sin teléfono celular
sin computadora propia
como en los tiempos pasados
sólo citas infaltables
un par de llamadas
desde algún teléfono público
que haya escapado
a su inminente extinción
y la ayuda de un blackberry
de papel
doblado en el bolsillo trasero
de mi jean.

El shuttle me llevó
a la casa de Lucy
vacía de gente
sólo Ruby & Jazzie
me saludan
            maullando
            atentas
            esperando
que las acaricie.
¡Qué divina sensación
cuando nos sabemos queridos!
Lucy, bella
you gave me so much more
            than a room and a bed
you took care of me
on my first return to Manhattan
after such a long time.
What can I say
about all your details
            with me?
I’m just so thankful
            so touched
                        so happy
            and, above all
                        so proud to know you
                        for many years
lucky to call you
            Lucy
            my dear friend!
Lucy, mi amiga
esta vez no te canté
otra vez será
te lo prometo.

Tomo el metro
el bus
el taxi
camino…
En esta ciudad
sí se puede
            caminar.

Pastrami sandwich
with melted swiss cheese…
Could you please
wrap up the second half
to take home?

Los amigos que dejé aquí
los que recién se mudaron
los que me visitaron
los nuevos que hice ahora
todos aquellos con quienes me vi…
¡tantos recuerdos juntos!
tanta risa aún por reír
momentos invaluables
miradas incandescentes
iluminadas de remembranzas
añoranzas
rostros que reflejan
el camino tomado
la ruta a seguir
hacia adelante,
siempre hacia adelante.

Ladies Night
con Ana y Silvia Salvadori
newyorkinas por adopción
como casi todos
            nosotros.
Noche de Chicas
a pesar de la lluvia
del frío
y del viento enfurecido.
El mejor sushi de mi vida
lo cené esa noche
el mejor sushi
lo disfruté con amigas
en la capital del mundo.

Encuentro con las Kompis
del colegio de las monjas
            de nuestra secundaria.
Aracelis y Eva
esa fase de mi vida
quedó plasmada en una tarde
            de charla y ocurrencias
            junto a madre e hija
            en medio de un aguacero
de risas
            en la esperanza
de una nueva oportunidad
            que pronto nos reúna.

Breakfast
            at Broadway Diner
poached eggs
with bacon
OJ and some coffee
can I have more coffee
            please?
Now I’m ready
to continue
with today’s plans!

Pauline
my lovely cousin
who came down from Long Island
to have a German lunch
and enjoy the American Paintings
at the Metropolitan Museum of Art
with me.
We, the result
of the Schaefer’s diaspora
to the Americas
we stand on our parent’s roots
growing new ones
            simultaneously
            for ourselves
            …for our children.
Time passes by
almost instantly
hours fade into minutes
            seconds…
Tschüß!
we both say
always with a smile
and the promise
to stay in touch.

Everybody has to leave
you have to keep on moving
running
always running
to get on time
wherever your next appointment
takes place.

Tanyika
a fairly new friend
whom I would like
to keep.
(Please, be aware
she’s NOT Cuban!
she’s from Queens.)
Hopefully
we’ll meet
again
on some other
business trip.

El parque, mi parque
pasear por él
vivirlo desde dentro
una vez más
al menos cruzarlo…
Central Park
always my park
this time
dressed in fall foliage
what a wonderful sight!

Please
give me a pretzel
with lots of salt…

Pasar por la tienda alemana
comprar las galletas
            de Navidad
            de los bunten Teller
Navidad en Puerto Rico
como todos los años
tradición irremplazable
            indeleble.

Otra cena
otra cita agradable.
Sibyll y Jessica
otra faceta de mi vida
conversación grata
que disfrutamos
con un té verde
y un pato a la Pekín
en mi vecindario.

Katherine
mi buena estrella
siempre ahí para mí
            siempre…
siempre sabiendo
que el sentimiento
es recíproco.
Me encantó
abrazarte fuerte
            de nuevo
más aún
el día de tu cumpleaños.

Silvia Centeno y Karina
hicieron tiempo una noche
para ponerse al día
con las noticias
newyorkinas
de sus vidas
            entre ambas
            ellas
            conmigo
            y yo con ellas
en el Upper East Side
durante una cena thai.

Andrea is “Breathing” deeply
escribiendo
            aprendiendo
                        siempre haciendo
                        uno por uno
            todos los ejercicios del libro
                        al estudiar para el próximo
examen.
Carmen pone orden
en su laboratorio
            estricta
a los estudiantes de Hunter
les enseña excelencia
            y disciplina
endulzadas
con bocadillos de guayaba.
Recuerdos, fotos, noticias
fluyen junto a un café
y un mousse de chocolate.
De pronto
de nuevo
llega la hora
de despedirse
cerrando un capítulo
de mi vida
trasplantado a esta ciudad.

Can I have a hot dog
with all the toppings
please?

La conferencia
multilengua
multipluma
multicultura
nuevos encuentros
nuevos rostros
nuevas amistades
otras no tan nuevas.
Juan Valdés
at Times Square
next to Virgin Records
in the heart of Broadway
and 42nd  
escuchó atento
mi relato
en la noche literaria.
Heidi, parte de mi etapa actual
junto a las demás
chicas traductoras
mantuvieron la sonrisa
            en mi rostro
el agrado en mi alma
la noche de Halloween
along with a resurrected
Michael Jackson
from his Thriller film
savouring a good
South African wine
while tasting a Roadrunner
nice!
Billy Elliott danced
for us
to the tune
of Elton John’s
music
mientras García Lorca
en boca de Yilda
una vez más
se llevó al río
a la casada infiel
            sucia de besos y arena.

Let’s go
for a matzo ball soup
in the freezing night
after the show…

Se hicieron los contactos
pertinentes
corteses
            laborales
                        tentativos
                                    posibles
                        educados
            importantes
no se hicieron solos
sucedieron otros
graciosos
maravillosos.

Sentada en un café
esta vez en el aeropuerto
frente a la gran ventana
viendo los aviones
            aterrizando
                        descargando
                                    recibir mantenimiento
enfilando hacia la pista de despegue.
Dos hombres me flanquean
comiendo chips
otro más escudriña su sandwich
buscando algo adentro,
apartándolo hacia una punta del pan
cerrándolo de nuevo
presionándolo muy fuerte
lo aplasta con las manos
y, finalmente
se lo come entero
el trozo de jamón manoseado
dentro del pan
en su boca
su garganta
la manzana de Adán que sube y baja
el hombre se ocupó en tocarlo
para luego engullirlo igual.
Sonrío
            intentando entender
cada cabeza es un mundo.
El hombre se va apurado
tragando el resto
            del sandwich.
Mientras tanto
después ya de nueve días
abro la segunda bolsita
de nueces y pasas
que Lucy me puso
            junto a una tarjeta
con frutas y tés
            en una gran canasta
como bienvenida
a su casa
…que es mi casa.

Tomo mi bolso
            deprisa
es hora de abordar.



©2009 PSR


miércoles, 11 de noviembre de 2009

IDENTIDAD

Te despediste de todos
saliste con timidez
recitando en silencio
el guión de tu vida.
Como siempre
tarareando...

Tras de ti comenzó
instantáneo
in crescendo
el zumbido vibrante
de cien enjambres de avispas
inevitable
predecible
insalvable.

Ellos hablan
ellas comentan
todos destrozan
eres el blanco descarado
de multitudinaria imaginación
afirmaciones absurdas
creatividad perversa
ideas obsoletas
que buscan desesperadas
una razón de ser.

Eres el centro fértil
de mil conversaciones estériles
que reverberan
ensordecedoras
en tu ausencia.

Rumores, hechos, sospechas
en el fondo
sólo tú te conoces
¡nadie más!
a veces ni siquiera tú
no puedes asegurarlo
no siempre lo sabes
¿quién eres hoy?
¿quién te miró en el espejo ayer?
ayer ya no importa
mañana tampoco
¿quién eres ahora?
no pienses la respuesta
no tiene sentido
no hay eco en el vacío
ni reflejo en la noche.
Siente tu esencia
desnuda el alma
libera el espíritu
entonces
busca en el reflejo
de cada gota de lluvia
encontrarás
tu verdadero yo
esperándote
siempre paciente
para elevarte
más allá
de la última plataforma.

¿A quién le interesa
a quién amas?
¿cuándo amas?
¿cómo amas?
¡A nadie!
Ni a María
ni a Pedro
ni al cura
ni a tu hermana.
No los escuches más.
Ellos no pueden entender
ellos no quieren comprender
tan sólo comparten
en un estrecho unísono
miedos inmemoriales
prejuicios titánicos
el afán de imponer
ideas y sueños
leyes, reglas
no solicitadas.

Tan sólo eres una etiqueta
una simple nota
pegada a una máscara
haciendo juego con el disfraz
que ellos se dieron el lujo
de escoger.

Número equivocado
¡no insistan más!
No es a ti a quien buscan.
Eres parte de aquellos
que siendo diferentes
son iguales en lo importante
y todos lo saben.

Un torrente de intrigas
se desborda violento
por la alcantarilla
de sus bocas.
Tú, gran protagonista
de todos los sueños sucios
inadmisibles
impertinentes
indecentes.
Convierten tu vida
en una noticia
de última página.

El amor no es sexo
no necesariamente.
Recuérdaselo al mundo entero
cuando lleguen prestos
a herirte
con sus lenguas de fuego
aquellos rostros burlescos
arrogantes
aterrados.

Sabes que en el fondo
te tienen miedo.
Sabes que en realidad
se temen a sí mismos.

Respira
suspira
no pienses más
siéntete
quiérete
eres todo
el aire
el sol
la belleza
no lo olvides
no te entregues
a tus verdugos.

Eres el gran corazón
que amarra estrecho
un ramo de sentimientos
multicolores.
¡No los dejes ir!
Átalos a tu alma
para volar
cual racimo de globos
en una feria dominguera.

Eres tú
únicamente tú
en la vereda de la vida
caminando entre piedras y flores.
Ama sin mirar
despierta siempre
junto a toda tu verdad.
A nadie debe importar
jamás.


©2009 PSR

miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL CORTE

Niño, quédate tranquilo. No te muevas tanto. ¡Que te quedes tranquilo te digo! Mira que si no, te puedo sacar un tajo de piel sin querer. A este chiquito le crece el pelo como si fuera maleza. Cada mes y medio se lo tengo que rebajar. Me estaba costando una fortuna mantener al niño con una apariencia decente, llamando a la peluquera o llevándolo al barbero. Pero ese dinero me lo voy a ahorrar. Esta máquina la anunciaban como la maravilla con corriente o a baterías. “Con ella, cualquiera lo puede cortar en casa”, decía el cartel. Al fin me decidí y la estoy probando hoy por primera vez.

Espera un poco, que algo pasa con la potencia. Será que las baterías no están suficientemente cargadas todavía. Un momento, que pongo el cable. Bien, todo resuelto; ahora sí podemos seguir. Pero quédate tranquilo, que esta es mi primera vez. No te quiero trasquilar, mira que luego los demás niños se burlan de ti. Y no me hables tanto, que no me dejas concentrarme en el corte. A ver, creo que debo usar un peine más grande aquí arriba, uno mediano sobre las orejas y uno bien corto para la parte de abajo. Será que primero te rebajo todo el coco con el peine grande, luego te hago la franja del medio y al final te recorto de las orejas para abajo con el más pequeño. Sí, eso mismo voy a hacer. Te digo que no te muevas tanto; pareces un canguro con un ataque de epilepsia. ¡Cuidado te digo, niño!

A ver, a ver; voy a empezar por aquí adelante y me voy a ir hacia atrás. Una carrera en el centro, una a la derecha, otra a la izquierda. Déjame ir por la derecha primero. Muchacho, tú sí que tienes pelo; eso como que lo sacaste de tu papá, que tiene una mata de pelo enorme y grueso. Porque yo, nada que ver. Tengo poco y demasiado fino. Menos mal que algo bueno sacaste de él; ja, ja, ja. Déjate la batica, no te la toques tanto, que se te va a meter el pelo por la camisa y luego te pica todo. Escucha lo que te digo. ¡Uf! Es inútil; estos niños no hacen caso. Ya verás, cuando te levantes de la silla vas a tener una piquiña por la espalda y por toda la barriga. Te vas a tener que bañar, aunque tú dijiste que hoy no te ibas a bañar en protesta porque no te querías cortar el pelo. Bueno, pues te salió igual. Y si no me haces caso, también te vas a tener que bañar para quitarte la comezón. A ver, quédate calladito, que me desconcentras. Hoy la que habla soy yo, ¿oíste? Al fin; la capa de la derecha está lista. Quedó bastante bien para ser la primera vez. Déjame cortar por aquí atrás, que todavía no había llegado a este punto. Un poquito por aquí, otro poquito por acá. Muy bien. Ahora el otro lado.

Un momento, que creo que se trancó el mecanismo. Pero cómo no se va a trancar, con ese pelo macho que tienes, mijo. Parecen cerdas de brocha de afeitar. A ver, déjame leer las instrucciones. Dice que si se llegara a trancar puede ser por exceso de pelo en el mecanismo. Espera un momentico, que lo voy a limpiar.

Ahora sí. Nos toca el lado izquierdo. Huy, este cable se queda enganchado en el apoyabrazos de la silla. Menos mal que es largo; así puedo moverme bien alrededor tuyo. Mejor lo levanto un poco. Creo que estoy aprendiendo, pareciera que me sale más fácil este lado. Será porque soy zurda, no sé. A ver, voy para atrás de nuevo. Voy a retocar un poco la derecha, mira que no quiero que andes por ahí con el pelo todo desigual. El corte será casero, pero tiene que quedar pro-fe-sio-nal. Y mira, si me sigues hablando y te sigues moviendo, lo menos que va a quedar es profesional. Ya verás como todos los niños se van a reír de ti en la escuela. Si me sigues desconcentrando con tu cháchara te voy a castigar. Te voy a dejar con el pelo cortado a medias, ¿oíste? Ahí sí es verdad que vas a parecer un loquito por la calle. Así que te me quedas tranquilito y con la boca cerrada, por favor. No quiero escuchar más nada, ¿entendido? ¡Y no te vuelvas a mover!

Bueno, déjame cambiar el peine para hacerte la segunda capa. Baja la cabeza para que pueda ver mejor. A ver por dónde comienzo. Será por la derecha, como antes. A ver, déjame dar la vuelta para ponerme en posición. Este peine es más pequeño, así que el pelo te va a quedar un poco más corto aquí. Es increíble lo fácil que resulta usar estas maquinitas; nada de medir las capas con los dedos y usar las tijeras como hacen los estilistas. Bueno, tal vez tenga que usar las tijeras al final, para retocar algo que no haya quedado perfecto. Pero la verdad es que no creo que haga falta; los peines estos tienen el tamaño ideal y puedo cortar el pelo en todas direcciones. Creo que se está viendo cada vez mejor. No te muevas, por favor, que si no te voy a tener que dejar como Kojak pero sin la chupeta. Si supieras quién era Kojak, no te moverías tanto. Ahora la izquierda. Otra vez me parece como más fácil, mijo. ¿Será que tienes la cabeza torcida hacia ese lado? Bueno, todos tenemos el cuerpo disparejo, así que no te culpo. Déjame pasar por aquí atrás para retocar la derecha. Muy bien. Atrás, adelante y de nuevo hacia atrás para repasar encima de la nuca. Mira que quiero verte más bello que antes.

Deja la cabeza bien abajo, mijo, que ahora te voy a hacer la tercera capa. Al menos ya no me desconcentras; si llega a quedar torcido será por culpa mía y lo voy a admitir. Yo prefiero eso a tener que explicarle a todo el mundo que el corte quedó mal porque el niño no me dejaba trabajar con tranquilidad. Vamos de nuevo por la derecha, damos la vuelta aquí atrás, regresamos por la izquierda y repetimos desde el frente una franja más abajo. Las patillas y la nuca deben quedar inmaculadas, déjame ver cómo le hago. No te vayas a mover ahora, mijo, que estoy justo al lado de tu oreja. Y no quieres quedarte desorejado, ¿verdad? Así mismo, tranquilito, sin moverte ni un ápice. Muy bien; parece que te estás portando mejor. Mira que a partir de ahora te voy a recortar siempre en casa, así que más te vale aprender a portarte bien desde hoy. Creo que al fin lo estás entendiendo. Menos mal. A ver, la primera patilla quedó decente; ahora la segunda. Déjame dar la vuelta por aquí. Te la voy a emparejar con la otra.

Déjame volver a retocar todo tu coco con el primer peine; cualquier cosa antes de tener que usar las tijeras esas. Arriba, abajo. Derecha, izquierda. Delante, detrás. Parezco un trompo loco, ja, ja, ja. Pero vas a quedar perfecto, mijo. Pro-fe-sio-nal, como quien dice. Un momento, que aquí quedó un mechoncito que se escapó de la cortadora de grama esta. Ya está. Perfecto.

Al fin terminé, mijo. Me tomó casi una hora, pero quedaste guapísimo. A ver, sube la cabeza para verte la cara. Dale pues. Vamos, no te hagas de rogar y sube la cabeza, mijo. ¿Qué no oyes lo que te digo? Primero tuve que amenazarte para que te quedaras tranquilo y ahora no quieres moverte para nada. ¿Qué fue, te estás vengando? ¡Que subas la cabeza te digo! ¡Que te quiero ver la cara! Bueno, te la subo yo. ¡Huy qué pesada! ¡Y qué tiesa! Tienes los labios azules. ¿Qué te pasa? ¡Mijo, háblame! ¡¿Cómo te enredaste el cable en el cuello?! Déjame aflojártelo. No puedo; está duro y no resbala. ¡Mijo! ¿Qué hiciste esta vez? No me escuchaste, ¡te dije que te quedaras quieto! ¿Y ahora qué? ¡Vamos mijo, respira! ¡Respira! ¡Respira, que te lo ordeno yo! ¡Respira, por favor…!


©2006 PSR

jueves, 29 de octubre de 2009

BENDICIÓN

Todas las noches antes de irse a la cama, la madre entraba en las habitaciones de sus hijos para asegurarse de que todo estuviese en orden mientras dormían. Con todo el amor arreglaba sábanas y frazadas, los besaba y les susurraba al oído cuánto los quería, lo importantes que eran para ella, y los encomendaba a Dios para que los cuidase. Así hizo, noche tras noche, año tras año, durante toda una eternidad, sin percatarse de que en algún momento, los niños habían crecido y se habían ido de la casa. Y aún ahora, cada noche, la madre repite aquella solemne y amorosa ceremonia de bendición a sus hijos, sin haberse enterado nunca de su propia muerte años atrás…



Copyright ©2009 PSR

miércoles, 21 de octubre de 2009

PAPÁ

Una torre de paciencia
me espera siempre
fijamente
a pesar de todas
y cada una
de mis tardanzas.

Veo una parte de mí
en aquellos ojos pardos
te siento tan cerca
en medio del vivir diario
te hablo, te pienso
te quiero
eternamente.

Alcanzo tu mejilla
con mi mano sedienta
de un encuentro más
una nueva oportunidad
de mostrarte cuánto te amo.

Cien preguntas tengo
en todos los instantes
sólo para ti
y sé que tendrás
más de cien respuestas
para ilustrarme
en cada oportunidad.

Salgamos a pasear
mano con mano
hablando sin fin.
Recorramos el mundo
entero, ¡todo!
junto a una taza de café
y un trozo de pastel.

Acaricio tu cabello
fino y plomizo
mi corazón se hincha
desbordándose
por las cuencas
de mi alma.

Deja que te abrace
fuertemente
enciérrame gentil
estréchame
y dime
que nunca me dejarás.

Eres el sueño raudo
anhelos alados
que inspiraste en mí
con el deseo contundente
de convertirse en realidad
a pesar de mí misma.

Escucho tu risa
me llamas
sonríes
aguardas de nuevo
esperas por mí
una vez más.



©2009 PSR

miércoles, 14 de octubre de 2009

TANAGUARENA

Cuando era joven solía ir a un lugar en la costa donde había una playa peligrosa con mucho oleaje y una pequeña bahía de aguas tranquilas. Ambas eran opuestas pero se complementaban de la manera más profunda dentro de mí.

La playa peligrosa era fascinante, intensa, mientras que la mansa era apacible y transmitía una sensación de sosiego sin igual. En la primera se sentía la violencia de la naturaleza en el rugir del viento salado con las olas, y en la segunda se escuchaba el mantra de las ondas en la orilla junto al canto de la brisa suave entre las hojas de las palmeras.

Las dos playas estaban separadas por un terreno empinado; la playa mansa quedaba en la parte inferior y la peligrosa en la superior. Hoy en día me resultaría extraño que pudiera suceder algo así, porque sé que en realidad ambas están al mismo nivel. Pero en aquel tiempo no me preocupaba de esas cosas; era así y ya. Hablábamos de “subir a la playa peligrosa” y “bajar a la playa mansa”, y nadie pensaba que decir eso era un absurdo. Era esa una época inocente como nosotros.

Para nadar en la playa peligrosa debía bajar por una gran defensa de enormes rocas pardas que generalmente estaban bañadas por el mar, porque en esa zona la marea rara vez bajaba lo suficiente como para dejar al descubierto la gruesa arena de piedritas pulidas del fondo. Una vez abajo y en el agua podía caminar abriéndome paso por las olas, que chocaban contra mí intentando derribarme, hasta que cedía y nadaba por entre los estruendosos aludes salados, alejándome de la costa amurallada. Allí, detrás de esas olas estaba la libertad; inmensa, indomable, maravillosa.

Por fin llegaba al lugar deseado; el corazón de la playa, donde las tímidas ondas del mar crecen de repente y se convierten en enormes barreras turquesas, formando luego con sus coronas de espuma la verdadera monarquía del litoral.

Una, dos, tres olas se acercan. ¿Cómo sortearé esas paredes gigantes para llegar al ansiado refugio abierto, donde el alma se desprende del cuerpo y se escapa entre la estela de fina llovizna que cada ola va dejando tras de sí? ¿Me dejaré llevar hasta la cresta, impulsada por mi deseo de volar con aquella gaviota, o preferiré sumergirme hasta el fondo, fundiéndome en el cuerpo azul profundo del gigante que se inclina al recibirme, para luego renacer en un grito ahogado, estrepitoso, buscando la bocanada vital y emancipadora?

Cuatro, cinco, seis. Este grupo viene más unido. Las preguntas son las mismas, pero el caso es diferente. Mi reacción es mi camino para llegar a la libertad, partiendo a la vez de un estado de libertad plena. En el horizonte aparecen más montañas azules. Una y otra vez se repite la toma de decisiones instintiva, las acciones no pensadas. Lo importante es compenetrarme con el mar; dejarme llevar y saber sobrevivir al final. En este instante lo único verdadero somos el mar y yo, esa conexión íntima y poderosa que me envuelve y me energiza. He ahí la libertad total, el ser humano invadido por la máxima expresión de la naturaleza, que llena todos sus sentidos y lo embriaga en una sensación de éxtasis indescriptible e inigualable.

Una vez saturada mi conciencia y transformada mi alma en sol y mar, salgo del agua en busca del lugar perfecto para dejar descansar al cuerpo. Voy hacia la bahía con su fina arena blanca y sus aguas llanas y cristalinas en busca de la tranquilidad que necesito para completar el nirvana. En ese ambiente plácido que me envuelve recupero parte de la esencia que dejé entre las olas, y al rato me siento lista para relajarme a la sombra de aquella palmera cuyas hojas tiemblan por la tersa brisa del atardecer; la misma brisa cálida que acaricia todo mi cuerpo. El canto del mar me arrulla y no puedo ni quiero quitarme la sonrisa de paz de los labios y la cara. He recuperado mi ser original.

Allí regreso con mi pensamiento y mi alma cuando quiero ser libre de nuevo. La sensación que producen el sol, la sal y la brisa sobre mi piel hace que me remonte a un tiempo lejano en el que la vida era intensa y apasionada, y el espíritu danzaba en el fuerte viento marino junto a los pelícanos y el salitre.


©2005 PSR

miércoles, 7 de octubre de 2009

LA PLAZA

La plaza es el lugar que ocupa o desocupa cualquier cosa. Es el espacio donde se desarrollan los acontecimientos diarios de nuestras vidas. El sitio material en que infinitos sucesos inmateriales se conjugan dando origen a sentimientos y sensaciones que nos llenan y marcan nuestro destino.

La plaza es un punto de convergencia del cual igualmente parten mil caminos. Es donde ocurre el encuentro y el desencuentro también. Es un ente vivo que respira, se desarrolla y se transforma con el paso del tiempo. En la plaza se establecen relaciones, negocios y sueños; incluso nuevos sueños que nacen a partir de otros destrozados en el mismo lar. Allí tomamos aire fresco o un café, leemos un diario o un libro y quedamos con otras personas para hacer algo.

La plaza está habitada por todos los seres y todas las almas. La visitan niños, jóvenes y viejos que traen y se llevan alegrías, penas y sosiego. La plaza conoce todos los secretos, los anhelos, las verdades, los miedos, los gustos y los disgustos que moran dentro de cada uno. Es adonde acudimos para celebrar, jugar, compartir y también despedirnos. La plaza es la morada de las metas y los recuerdos, la residencia de nuestros días. La plaza está dentro de nosotros igual que nosotros pertenecemos a ella; nuestras raíces abrazan sus cimientos y ella nos acoge sin hacer preguntas.

La plaza es universal y única. Bienvenidos a la plaza.


Voy a la plaza temprano
enfundado en mi vieja chaqueta
leeré el diario entero
meditaré
intentando entender
el mundo
la vida.
Y mirando a la gente cruzar
de un lado a otro
apresurados
rumbo a sus trabajos
mil historias recordaré.

Te llevaré a la plaza
a que te de la luz fresca
para que así crezcas
hermosa
y te pongas grande
sana y fuerte.

¡Nos vemos en la plaza
para almorzar!
Es nuestra cita
siempre
un banco bajo los árboles
sola contigo
en medio de la gente.
Tú y yo
nuestra hora de almuerzo
momento insustituible
único
inimitable
universal
imprescindible.

Tengo diez minutos
para tomar un café
mientras mis ojos descansan
del trabajo rutinario
buscando pájaros y ardillas
entre las altas ramas
de los gigantes nobles
de la plaza.

¡Vamos a jugar!
¿Adónde?
¡A la plaza!
Con la pelota y mis amigos
la tarde vamos a alegrar.
Y cuando estemos ya cansados
de tanto correr y saltar
compartiremos la delicia
de un helado refrescante
o un refresco helado.

Espérame en la plaza
necesitamos hablar
dejemos las apariencias
junto a la comodidad
con las buenas intenciones
y el miedo a la soledad.
Ya no somos los de antes
nos hemos dejado de amar.

Vamos a la plaza
a ver qué hay de nuevo allá
quién está
quién no fue
quién se fue
para no volver.
En la plaza escucharemos
qué se cuenta
de quien se queda
y quien se va.

Caminemos hacia la plaza
vamos un rato a pasear
dejando que la brisa
despeine nuestros pensamientos
contando los diamantes
refulgentes
que adornan el firmamento.

Iremos a bailar esta noche
en aquel lugar encendido
prendido de gente
música y color.
Al ritmo del trago y la fiesta
vamos a divertirnos
disfrutando en la plaza
donde alguien va a cantar.



©2009 PSR

miércoles, 30 de septiembre de 2009

ESTUDIANTES

ejército de sueños
armado de flores
se acerca sin tregua
aniquilando al paso
desesperaciones
posiciones grises
extremos absurdos
inalcanzables

cardumen de sonrisas
aparece repentino
suavizando la tormenta
que el destino impuso
groseramente en la vereda

sumatoria del ímpetu invencible
sumatoria al infinito
sumatoria lógica
sumatoria desafiante
del odio
la resignación
la injusticia
siempre sumar y multiplicar
paz
libertad
siempre, por siempre
y nunca, nunca
dividir o restar
¡jamás!

miles de ojos gritan
haciendo añicos las estructuras
del pensamiento opresor
miles de bocas callan
dejando un espacio abierto
para expresar otra opinión
nueva
fresca
genuina
limpia
miles de manos caminan
manos creadoras
pulgares enganchados
como aves libres
manos que vuelan
vuelan lejos
en loca bandada
desbandada natural
del ser inquieto

caravana de ideales
que exige respeto
y tolerancia
sembrando esperanza
multicolor
multiforma
multipensamiento
multirealidad
multiplicando la felicidad
contagiando aquellos
que se veían perdidos
¡pero ya no más!


©2007 PSR

miércoles, 23 de septiembre de 2009

CUÉNTAME ALGO

Cuéntame algo
algo bonito
que me sorprenda
y refresque mi vida.

Cuéntame algo
una historia mágica
que me entretenga
y me distraiga
de grilletes perennes
cadenas que día a día
aplastan al ser
inmerso en la rutina.

Olvidemos
por un momento
menos corto
más largo
el dolor
que trae la sal
en las heridas
la impotencia
por las injusticias
la angustia
que llena los vacíos
y la desesperanza
tan amiga de las tristezas.

Llévame de la mano
por la senda del sueño
los ojos vendados
con una cinta de luz.
Quiero reconocerme de nuevo
en tu relato místico
y finalmente
encontrar la paz.

Háblame
de algo bello
que me haga suspirar
sonríe alegre
recordando
esa misma anécdota
que nos hace reír.
Confía en mí
comparte tus deseos
aquellos anhelos
ésos
los más secretos
para llevarlos a cabo.

Abre el corazón
dejando escapar
mil miedos
inseguridades
angustias mutilantes.
Todo es mentira
nada existe.
Si lo cuentas
rompes el hechizo
¡no lo olvides!

Cuéntame algo
algo hermoso
que me haga soñar
liberando mi espíritu
saciando el alma
hambrienta.
Y siempre
que me cuentes algo
tómate tu tiempo
al menos
por un momento
eterno.


©2009 PSR

miércoles, 16 de septiembre de 2009

AMANECE

Cada día es más lento el amanecer; lo he venido notando durante las últimas semanas. Al fin amanece. Amanece despacio. Pareciera que al sol le costara cada vez más trabajo imponerse sobre la noche. Amanece en el quinto. No en el cuarto, ni en el sexto. Amanece en el quinto piso del parque de oficinas que desde las lomas del sur vigila a la ciudad en su valle.

El paisaje que veo por mi ventana parecería plácido y hasta idílico, si no fuera porque sé que los intensos ocres y naranjas no tienen nada que ver con el amanecer. Las hebras pajizas en cuatro tonos entran y salen sobre una suerte de rayos en la espesa nube de smog que cuelga sobre la ciudad.

Estiro las piernas. Aprieto fuertemente los dedos de los pies. Bien fuerte, hasta sentirlos de nuevo. Tengo los pies casi dormidos. Los flexiono hacia arriba y hacia abajo, apuntando amenazante el helecho de la esquina. Mis pantorrillas se convirtieron en piedras que buscan inútilmente una salida a través de la piel.

En el pequeño baño de mi oficina me encuentro con la última versión de mi persona. Desgarbado hasta el tuétano; la sombra de la barba compitiendo con el desorden de mis cejas y mi cabello. Mi camisa parece salida de una botella. Me veo mal. Huelo peor. Me refresco la cara con mucha agua fría, intentando borrar de cuajo el trasnocho de mi vida. No es fácil.

Preparo otro café más. Café venezolano. Después de tantos años en este país, aún no me he podido acostumbrar al líquido amarronado y enclenque que aquí llaman “café”. Una infusión que más bien parece el agua residual de unos granos tan procesados que ya ni el aroma logran conservar, y que necesita de toda clase de aditivos para mejorar lo que se supone alguna vez debió ser su sabor natural. ¡Tanto trabajo sólo para devolverle la apariencia de café! ¡Qué va! Si no es café de Venezuela, prefiero no tomar nada. Bueno, tal vez un té, si la urgencia de cafeína es demasiado grande.

El murmullo frío del aire acondicionado y el olor del café colándose me hacen pensar en aquellos días en la universidad, cuando me quedaba con mis compañeros hasta tarde en las salas de estudio, intentando resolver algún problema de cálculo o una matriz complicada. ¡Qué lejanos están esos tiempos ya! Casi no me puedo identificar con aquel joven activista de la Facultad de Ciencias que participaba en las protestas por la contaminación del Guaire y el exceso de coliformes fecales en el litoral central. Los recuerdos de esa época se destiñeron; se corroyeron como un trapo que sucumbe al polvo y se deshilacha sin que nadie lo toque, tan sólo de quedar guardado en una habitación cerrada. Bajo llave dejé mis pertenencias y añoranzas cuando me fui a hacer el doctorado en los Estados Unidos. Seguro de mí mismo, dueño del mundo, me dejé guiar por la ética férrea que heredé de mis padres. Ella me señaló el camino, mientras el ímpetu avasallante de la juventud me puso a andar sobre él, marchando a paso certero y contundente. Pero los años me demostraron que el hierro también se corroe, igual que el trapo aquel de mis recuerdos.

Estoy pegajoso. No soporto mi propio olor. Ya que no me puedo duchar, necesito darme al menos un baño de toallita. ¡Ah, ya me siento mucho mejor! A pesar de que no es la solución perfecta, cumple con el propósito de hacerme ver aseado. De hacerme sentir limpio, aunque en el fondo sepa que no lo estoy realmente. Enterraré cualquier resto de mal olor con bastante desodorante y colonia, como hacen todos. Saco una de las mudas de ropa que tengo en la oficina para casos de emergencia.

La luz que llega a la ciudad aún es demasiado tímida como para distinguir colores. Todo se reduce a tonos pardos y grises. La verdad es que hay muchos edificios grises en la ciudad; demasiados. Más que grises, son casi negros por el hollín pegajoso que se acumula sobre ellos. El hollín de los carros y los autobuses; el hollín de los camiones y las fábricas. Así tendremos también los pulmones, negros de hollín, y no precisamente por el cigarrillo. Yo ni siquiera fumo y me cuesta subir las escaleras a la entrada del edificio. Y eso que sólo son 35 escalones. Definitivamente, así no se puede vivir. Bebo un sorbo de ese café del color de mi conciencia y miro hacia otro lado. No me quiero ofuscar, necesito tranquilidad para concentrarme. Busco refugio en el almanaque que cuelga en la pared. Las fotos son espectaculares. La que más me gusta es la de diciembre; un atardecer polar con un enorme iceberg que se desprende de un glaciar en Groenlandia. ¡Qué desgracia! Los glaciares se derriten y no podemos hacer nada al respecto. Es inútil, no tengo escape. Cada cosa, cada sonido, cada olor me llevan al mismo punto, sin importar por cuáles veredas retorcidas tenga que pasar. Es algo irrefrenable. Inevitable. Insalvable.

Ropa fresca, ¡qué alivio! Comienzo a vestirme mientras bebo mi café. Mary Ann y los chicos me saludan desde el escritorio. Todos se abrazan y ríen en aquel paseo al Gran Cañón del Colorado. Eso fue hace tres años. Lo pasamos tan bien; fue uno de nuestros mejores paseos en carpa. Mary Ann es la mejor compañera que hubiera podido desear. Una mujer de todo terreno, que disfruta una excursión en la naturaleza tanto como una cena gourmet en un buen restaurante. Mi mejor amiga. Tenaz y con unos valores indelebles. Aunque nuestro apoyo mutuo siempre ha sido incondicional y eterno, no quisiera defraudarla ahora. La espera me mata; quiero que todo acabe ya.

Poco a poco la oscuridad se desvanece. La luz empieza a ganar terreno. El sol comienza a salir por las montañas del este; lo veo a través de la capa granulada que sigue suspendida a lo largo de todo el valle.

Llevo años jugando este juego en silencio, haciendo únicamente lo que la empresa espera de mí y nada más; sin demasiado entusiasmo ni tampoco un atisbo de pensamiento libre. A pesar del puesto que tengo en la compañía, me he convertido en un testigo presencial del deterioro del planeta, como todos los demás. Sólo que yo tengo el privilegio de ver la función desde el mejor ángulo en el palco diplomático. Cada detalle, cada cifra, cada estudio entran en el espacio ciego, sordo y mudo en que se convirtió mi albedrío. Un espacio hueco que sin embargo ocupa un volumen incómodo. La situación ha ido empeorando a un ritmo constante con cada año que pasa. Un poco más contaminado el aire, un poco más caliente el verano, unos cuantos desastres naturales más intensos que el año anterior. A pesar de saber todo eso, muchos de mis colegas insisten en pensar que todo sigue igual. Eso es lo que la compañía sostiene públicamente y los empleados tenemos la obligación tácita de respaldarlo. Jeremy Lowell no lo tomó demasiado en serio y perdió su puesto de quince años después de dar unas declaraciones objetivas que apenas tocaban el tema. Inmediatamente después nos llegó el memorándum, directamente desde arriba: la empresa adoptaba una política de cero tolerancia. Así de simple. La posición oficial va de la mano con la apariencia generalizada de que no hay un cambio significativo en el ambiente. Pareciera que la Tierra tuviera una capacidad de carga infinita. Pareciera. Parece. Sí que lo parece. Pero el último informe confidencial que recibí con datos del calentamiento global es alarmante. Tanto, que si no intervenimos a tiempo, puede cambiar el patrón del clima mundial. Definitivamente no es un juego. Llegamos al límite; la Tierra finalmente se llenó. Pero sé que aún hay esperanzas, si todos colaboramos. La medida más drástica y efectiva sería detener por completo el uso de la gasolina y el carbón que producen los gases invernadero. Claro que eso es imposible. Lo que sí se puede hacer es sustituirlos por el gas natural, que es una fuente de energía más limpia y produce una cantidad mucho menor de CO2 y partículas. Más adelante se podría cambiar el parque automotor por vehículos a hidrógeno, un combustible renovable que no produce casi ningún desecho. También está la propuesta de los vehículos eléctricos, que fue boicoteada y engavetada hace años por las presiones de las compañías petroleras, iguales a ésta en la que dirijo el departamento de geología, exploración y mediciones. ¿Qué habrá sido de la vida de Lowell? ¿Tendrá trabajo? Su puesto lo ocupó alguien que conoce de memoria las reglas del juego y se atiene tercamente a ellas. Siento un vacío que me sube desde la boca del estómago al recordar a Lowell y saber que soy lo suficientemente cobarde como para guardarme mi opinión de experto en la materia. Es duro ser honesto cuando se tiene una familia que depende de uno.

Como en las demás corporaciones, sobre todas las cosas, lo más importante es que la compañía produzca ganancias a los accionistas. Ellos son los dueños; pagaron su parte y esperan una retribución positiva para sus bolsillos. Todos los directores de departamentos tenemos acciones en la empresa. A nosotros también nos conviene que la compañía genere ganancias. Por ley, la empresa tiene el deber de producir beneficios mayores cada año. Eso en sí no tiene nada de malo. Pero cuando otras personas resultan afectadas por sus actividades, debería haber un freno. Un freno legal preventivo. Al menos un freno moral, que sea consecuencia del respeto al prójimo. Sólo que las corporaciones no funcionan de esa manera; son creadas para generar beneficios a cualquier costo. No existe freno legal alguno, y como las corporaciones son amorales, pueden seguir adelante con sus operaciones de la manera en que se establecieron originalmente. Las corporaciones no se hacen responsables de los estragos que puedan causar, a menos que alguien busque remedio a algún daño específico cuando el mal ya está hecho. Son una especie de monstruo invencible que existe independientemente de sus miembros, sin que ellos respondan por los actos del engendro. A veces esos mismos miembros incluso aparentan una cierta preocupación, pero en realidad no toman carta en ningún asunto. ¡Cómo me asquea todo eso! La directiva y la junta de accionistas están formadas por personas de carne y hueso que presuntamente tienen moral, o que al menos deberían tener cierta ética. Bueno, eso es lo que pretenden aparentar. Ellos sí tienen poder de decisión. Justamente por eso no termino de entender cómo estas personas permiten que su compañía haga lo que le plazca, sin mostrar el más mínimo respeto hacia el resto de la humanidad. Más aún, hacia el resto del mundo, con todos los seres animados e inanimados; ahora más bien desanimados.

Cepillo mis dientes minuciosamente. Deben quedar impecables, igual que el aliento. Me afeito con la misma rasuradora eléctrica que me regaló el antecesor en este puesto cuando se retiró hace diez años. Ya me veo mejor; la cara más limpia, despejada. Mojo un poco mi cabeza para doblegar el pelo salvaje que se resiste al peine con todas sus fuerzas. Quizás sea el último vestigio de rebeldía que me quede, pero hoy lo debo domar. Está difícil; intentaré con gel.

Mi familia me sigue mirando mientras yo esquivo el brillo de sus ojos, intentando fijar la vista en aquel puente de hierro sobre el río que parte la ciudad en dos. Finalmente la luz logró convertir su silueta plana en una estructura tridimensional. Me resulta inevitable pensar en las dos grandes inundaciones de este año. Fue impactante ver el puentecito desaparecer de pronto, ahogado en un torrente de escombros que casi se lo lleva a él también. Las pérdidas fueron enormes; muy pocos estaban asegurados contra desastres naturales. Estas inundaciones se están volviendo frecuentes en todo el mundo; otra consecuencia del cambio climático. El clima fustiga de la peor manera a los que menos tienen, mientras los demás, como yo, como los directivos y los accionistas de esta empresa, muchas veces ni nos enteramos de las consecuencias de nuestros actos. O más bien de nuestra indolencia. No es nada alentador admitirlo; mucho menos seguir adelante sabiéndome parte del problema y no de la solución. Sin embargo, me he vuelto un experto en aparentar que hago algo positivo. Yo mismo me lo creí durante años.

El Tratado de Kyoto comenzó así: tratando. Australia y los Estados Unidos se negaron a ratificarlo. Estados Unidos dijo claramente que no lo firmaba por el bien de la competitividad de sus empresas. De empresas como ésta, para la cual yo trabajo, y que tienen una junta de directores y otra de accionistas, formadas por individuos supuestamente pensantes. Empresas que parecen serias. ¿Será que todas estas personas ignoran lo que pasa? ¿O será más bien que quieren ignorarlo? ¿Será que de verdad creen la versión tergiversada que la compañía respalda institucionalmente, de que el cambio climático es sólo una oscilación natural de la temperatura de la Tierra? ¿O será más bien que prefieren creerlo para poder acostarse tranquilos cada noche y dormir plácidamente hasta el día siguiente? ¿Será que piensan que la Tierra seguirá aguantando todo lo que le hagamos? ¿Que nada cambia, que todo sigue igual y seguirá igual por siempre? ¿O será más bien que no les importa lo que pase, porque al fin y al cabo ya ellos vivieron más de la mitad de sus vidas y están asegurados por el tiempo que les queda? ¿Será que no están dispuestos a renunciar a su propio beneficio por el bien de todos los demás, incluyendo sus familias? ¿O será que no les importa dejarles un mundo inhabitable a sus hijos y nietos? Creo que nunca lo sabré. O tal vez me dé miedo saberlo. Tal vez sólo soy igual a ellos y no quiero admitirlo.

Me pongo la camisa. Me queda muy holgada, igual que otras piezas de ropa. Desde hace un tiempo he venido rebajando sin hacer dieta. Pero no hay problema; la chaqueta lo disimulará perfectamente. Me anudo la corbata y entro en mis zapatos.

Como en todas las corporaciones, el funcionamiento de esta compañía se basa en las apariencias. La apariencia de que las ganancias siguen aumentando. La apariencia de que todo funciona bien. La apariencia de que es una compañía responsable. La apariencia de que los accionistas se preocupan por el ambiente. La apariencia de que el mundo es un reservorio infinito y que puede resistir los insultos ambientales eternamente. La apariencia de que todo sigue igual. Pero las apariencias engañan.

¡Basta ya! No puedo más. Mi alma llegó a su límite. Por primera vez en mucho tiempo, haré lo que debo hacer. Invocaré a Roberto Martínez, el impetuoso estudiante de geología de la Universidad de Caracas para que sacuda al Dr. Martínez, el experto graduado de Yale que trabaja desde hace casi veinte años en la petrolera más grande de los Estados Unidos. Los tres juntos nos enfrentaremos a la ignorancia en la que conceptualmente se sume la compañía. El problema es tangible y urgente; es imposible darle más largas.

Al fin terminó de salir el sol. Se ve más grande y brillante que nunca, alzado sobre la calina polvorienta y concentrada que flota terca sobre los edificios. La cita con los directivos y la junta de accionistas es a las 8:00. Todo está listo en la sala de reuniones. Las pruebas son contundentes. La presentación que preparé también lo es. Ya no habrá más excusas. No más ignorancia. No más hipocresía. No más noches en vela, al menos para mí. Se acabó. Es mi responsabilidad asegurarme de que el mensaje llegue adonde tiene que llegar, y así lo haré. Es mi oportunidad de devolverle fuerza a la luz para que venza a la oscuridad.

Acabo mi café. Respiro y vuelvo a cepillarme los dientes. Unas gárgaras con solución para el aliento y quedo prístino de nuevo. Me peino una vez más. ¡Listo! Ahora la chaqueta del traje. No puedo causar la impresión equivocada. Al fin y al cabo, la gente cree en las apariencias.


©2006 PSR

miércoles, 9 de septiembre de 2009

DEMASIADO REAL

4:30 a.m.
tu cuerpo despierta solo
a la rutina del día
se levanta, despereza
aseas tu yo de pies a cabeza
hay que trabajar
como siempre

calendarios que juegan sucio
congelando el tiempo
en un eterno tormento
ocupada la mente
olvidas tu vida
para sobrevivirla
un día a la vez

trabajo, trabajo, trabajo
niños, escuela, deberes
casa, trabajo, marido
el día lleno de quehaceres
¿y la vida, dónde queda?
allá colgada con la ropa
decolorándose al sol
reseca en el tendedero
de tus miserias

“es tan real y fuerte”
pensaste al verlo
“apasionado, impetuoso”
al conocerlo
enamorándote
hace una eternidad
mariposa flotando alegre
hacia el relámpago
demasiado real
distraída recordando
sueñas con tu pasado
mientras los gritos te empujan
a refugiarte en el trabajo

ya tus labios no sonríen
no saben cómo hacerlo
año tras año
jugando al escondite
contigo misma
ocultando la herida
de los insultos

vejada te aíslas
del resto del mundo
lágrima a lágrima
crece la represa
enfermando
decayendo
creyéndolo todo
marchitándote
lentamente muriendo

9:00 p.m.
al fin
tu alma despertó
sacudida por el jarrón
que lograste esquivar

después de tanto tiempo
la moneda cayó en su lugar
la máquina aún funciona
sabe qué hacer
siempre lo supo
sólo que no lo sabía

tranquila
resiste un poco más
el espíritu toma impulso
para lanzarse
a volar

3:30 a.m.
los sentidos alertas
el corazón preparado
duerme la borrachera
te mueves rápida y ligera
recoges tu vida
en jirones de polvo
pero tuya

libre y soberana
dueña de tu destino
ríe tu alma junto a los niños
serena, madura
amanece temprano
en la carretera
de tu existencia
los naranjas más hermosos
te hinchan de ilusiones
loca por vivir de nuevo
tú y tus hijos
no falta nada
nunca más.


©2008 PSR

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MAGIA

Tu sonrisa
plena de luz
y bondad
llena de vida
mi alma.

Brillan tus ojos
con la expresión más serena
del mundo
inundada de paz
y alegría
internas.

Toda la ternura
que atesoras
incontenible
rebosa plácida
con el siempre
perenne
deseo de felicidad.

Haces magia, amiga.


© 2009 PSR

miércoles, 26 de agosto de 2009

PROMESA

una sonrisa

perfecta

ilumina el rostro

donde vive

y muchos otros

rostros más


alma

que mira

atenta

serena

tranquila

alma bella

ideal humano

hecho de paz


mil confidencias

rompen esquemas

importantes

insignificantes

vitales


pasará todo

como siempre

unos viajan

unos llegan

otros se quedan

un rato nomás

momento eterno


compartir

toneladas de palabras

frases

filigrana de silencios

conceptos

regalo de risas

ideas

verdades

copas de alegría

se derraman


vivir otra vida

intentar vivirla

imaginársela

al menos

así…


andamos

permanecemos más

o menos tiempo

unos fugaces

otros largos

entregamos

todos llegamos

y nos vamos

eventualmente

sin decir más


entrañas

en llamas

buscando sosiego

calma

el espíritu magullado

quiere curarse

necesita sanar


escape fugaz

imprescindible

contar historias

ilusiones

tejerlas por miles

soñar gratis


en medio del caos

encuentras a alguien

sientes que lo tienes

sabes que sí

es el momento

aprovéchalo


confianza

porque sí

porque nace

de dónde

no se sabe

está ahí

te sientes mejor

al fin…


todo saldrá bien



©2007 PSR



miércoles, 19 de agosto de 2009

REBECA


Le debo una visita a Rebeca; se lo merece. Lo haré este jueves; me tomaré el día libre en la oficina. La ocasión lo amerita. Le llevaré un arreglo de claveles rosados y blancos, sus favoritos. Sé que le va a encantar; lo prepararé esa misma mañana para que las flores estén lo más frescas posible.

Rebeca y Enrique acaban de anunciar que serán padres por segunda vez. Me parece que fue ayer cuando fui testigo de su matrimonio hace ya ocho años. ¡Cómo pasa el tiempo! Rebeca Fuentes es mi gran amiga desde la niñez. Nos criamos juntos, nos conocemos en detalle. Siempre nos mantuvimos cerca, aún después de haberse casado con Enrique. Prácticamente soy otro miembro de la familia; participo en todos los eventos y reuniones, y me tratan como a un hijo y hermano. Por mi parte, siempre que puedo ser útil me pongo a la disposición del que me necesite. Soy muy afortunado de pertenecer a ese círculo de gente tan especial.

A golpe de las cuatro de la tarde toqué a su puerta. Rebeca estaba sola con Miguel, su hijo de cinco años. Se alegró muchísimo por la visita, y sobre todo le encantó el arreglo de claveles que llevaba en los brazos y que casi no le dejaba verme la cara. Lo coloqué con cuidado en su dormitorio, como me pidió, porque ella pasaba el mayor tiempo ahí y así lo disfrutaría más.

Estuvimos charlando en la cocina mientras me preparaba un café y luego pasamos a la sala. Parecía un repentino salto atrás en el tiempo. De pronto estábamos merendando café con galletas, como hicimos miles de veces durante nuestra juventud. Era una especie de deja vu añejo que trae consigo un cargamento de recuerdos buenos y mejores, mezclados todos en la taza de la que bebía mi café.

-¡Qué bello te quedó este arreglo, gracias! –dijo Rebeca, mientras me abrazaba fuertemente.
-¿Y cómo querías que me quedara, si lo hice especialmente para ti? Tuve la mejor maestra y creo que aprendí bien de ella.

Rebeca sonrió y me volvió a dar las gracias. Ella me enseñó primero a manejar las plantas y después a trabajar las flores. A lo largo de muchos años aprendí innumerables cosas sobre las flores: desde las técnicas para cultivarlas hasta cómo mantenerlas hermosas durante más tiempo. A veces hacía arreglos complejos, en otras ocasiones las secaba para preservarlas. Agregándole un poco de colorante o unas gotas de esencia perfumada al agua, podía teñirlas de colores exóticos e incluso cambiarles su fragancia natural. No hay duda de que las flores son nobles; siguen vivas por varios días, transpirando al ambiente el líquido del que se nutren y regalando su aroma a pesar de haber sido cortadas de sus tallos.

Pasaron un par de horas y llegó Enrique.
-¡Enrique! ¡Felicidades por el nuevo embarazo! Les deseo mucha dicha y suerte con el crecimiento de la familia.
-Gracias. Y tú, Rafael, ¿cuándo nos das la sorpresa y te casas?
-¡Ja, ja! Eso será cuando al perro le salgan plumas.
-No hables así -dijo Rebeca-. Yo te conozco. El día menos esperado te apareces con una chica y nos cuentas que se casaron en secreto.
-Tal vez, -contesté, y desvié la conversación hacia algo más mundano. Les recordé que debían comenzar de nuevo con todo el proceso de los pañales. Eso les cambió la cara durante unos diez segundos. Todos nos reímos. Después seguimos hablando de mil cosas diferentes durante la cena y la sobremesa. Fue una velada muy agradable.

Mientras regresaba a casa me invadió una sensación de vacío y saturación a la vez; algo que nunca antes había experimentado. “Tanta charla me dejó algo aturdido”, pensé.

El domingo hizo un hermoso día de julio, perfecto para visitar a la familia Fuentes. El sol brillaba con fuerza resaltando los colores intensos de la ciudad. Desayuné bien, con calma, y me puse el traje oscuro que reservo sólo para ocasiones especiales.

Llegando, una cantidad inmensa de arreglos florales dejaba ver el gran número de personas que conocían a Rebeca. La variedad de flores parecía infinita: claveles, rosas, azahares, gladiolas, orquídeas, tulipanes, calas, nardos... La mezcla de aromas llenaba el aire limpio del fin de semana capitalino, inundando todo el ambiente. Rebeca siempre fue una con las flores y para mí son una pasión que compartía con ella, mi gran amiga.

En los pasillos de la funeraria se escuchaban los comentarios típicos: “¡Pobrecita, tan joven y llena de vida!”, “¡Qué tragedia, además estaba embarazada!”. “¿De qué murió?”, preguntaban todos al llegar, pero las respuestas eran vagas. Nadie comprendía cómo pudo sucederle algo así a Rebeca; morir de esa manera tan trágica e inesperada. Enrique, su esposo, había perdido el habla por el gran pesar que le invadía. Aun así, se estaba ocupando personalmente de su pequeño hijo de cinco años, que no terminaba de entender cómo su mamá se fue tan de repente y sin despedirse de él. La familia de Rebeca se hallaba dispersa por todo el lugar, recibiendo las condolencias de los amigos y allegados.

Entré en la capilla donde velaban a Rebeca y les presenté mis respetos a sus padres, a sus hermanos y a Enrique. Como amigo de la familia desde hace tantos años, era lo menos que podía hacer. Había visitado a Rebeca y Enrique tres días antes con un gran arreglo de claveles rosados y blancos para felicitar a la pareja por el nuevo bebé que esperaban. Curiosamente, habían colocado ése mismo arreglo dentro de la capilla, cosa que me conmovió. Los claveles estaban tan hermosos como el primer día; el ramo incluso parecía recién hecho.

Mientras saludaba a los que estaban en la capilla, me percaté de que la urna no tenía vitrina.
-¿Por qué no se puede ver a Rebeca? -le pregunté discretamente a su hermano.
-La pobre quedó irreconocible -dijo, mientras me acompañaba hacia el pasillo.
-¿Irreconocible? No entiendo; me dijeron que había fallecido a causa de una enfermedad. ¿Acaso estoy equivocado?
-No, Rafael. Lo que pasa es que tuvo una muerte rápida por una reacción alérgica de esas que le hinchaban la cara. ¿Recuerdas que de vez en cuando se le disparaba una alergia?
-Claro que recuerdo. Cuando eso pasaba, había que llevarla al servicio de emergencias más cercano. Allí le ponían oxígeno y le inyectaban medicinas por todas partes para evitar que se asfixiara. Era toda una pesadilla.
-Pues esta vez los médicos no pudieron impedir que sus pulmones colapsaran. La inflamación fue muy intensa y fulminante. Cuando llegó a la clínica ya no había mucho que hacer. Los médicos intentaron todo lo que estaba a su alcance, incluso una traqueotomía, pero ni siquiera eso funcionó. Fue horrible verla luchando por respirar y no poder hacerlo. Tampoco pudo hacerse nada por el bebé.
-No sabes cuánto lo siento. Debe haber sido terrible. Nadie se espera que una simple alergia pueda ser fatal.
-Lo fue. Al principio no pensamos que la reacción pudiera ser tan severa, a pesar de la taquicardia. Sin embargo, se le veía ya bastante mal camino al servicio de emergencias. No hay palabras que puedan describir el horror que sentimos...
-Me lo imagino. ¡Qué espantoso! ¿Y qué fue lo que ocasionó la alergia?
-Eso es lo que nadie sabe. Rebeca no tomaba ninguna medicina a la que fuera alérgica. Ella se cuidaba mucho cuando le recetaban un medicamento nuevo; antes de usarlo se aseguraba mil veces de que no le haría daño. Pero además, desde que supo que estaba embarazada, no tomó más nada nunca. Y ya estaba en el quinto mes... Según los médicos fue algo que comió, aunque me parece raro porque ella nunca fue alérgica a ningún alimento, sólo a los analgésicos como la aspirina y a todos los antiinflamatorios sin esteroides. Pero los médicos insisten en que tuvo que haber sido algo que ingirió durante el día y creen que fue el picante que le puso a la carne. En fin, ya no hay nada que hacer. Rebeca y su bebé murieron.
-Me imagino que los médicos sabrán lo que dicen. Las alergias son impredecibles; hoy en día todavía no se comprenden bien las causas que hacen que aparezcan o desaparezcan de repente.
-Creo que tienes razón. De cualquier forma, ya pasó.
-Es triste, pero es así... Se nota que Enrique está destrozado. Voy a ofrecerle un café.

Me acerqué a Enrique, que salía al pasillo. Como iba solo, no me fue difícil abordarlo.
-Ven, Enrique. Vamos a tomarnos un café.
Él asintió y nos dirigimos hacia la mesa donde estaban el café y el agua. Mientras le servía un café negro con poco azúcar, le comenté cuánto sentía lo ocurrido. Enrique escuchaba sin hablar, con la mirada un tanto perdida. Después de un rato, me miró a los ojos y, rompiendo su silencio, me dio las gracias.
-¿Por qué?
-Por estar siempre allí cuando más te necesitamos.
-¡Pero no faltaba más! -le contesté-. Para eso son los amigos, ¿no?
-Sí... Fue bueno que pasaras el otro día por la casa. Rebeca estaba tan contenta con las flores, que las puso en el dormitorio.
-Sí; ella me dijo que las colocara allí porque ése era el lugar donde pasaba más tiempo. Me alegro que le hayan gustado tanto...
-Le encantaron. ¿Las viste en la capilla? Todavía hoy siguen hermosas -dijo. Y con los ojos llenos de lágrimas se alejó sin decir nada más.

Me quedé un rato más en la funeraria, saludando a los amigos y conocidos que se acercaban a darle el pésame a los familiares de Rebeca. Entre lo que más comentaban estaba lo rápido que había sido todo y lo monstruoso que puede ser desarrollar una alergia tan repentina y con resultados tan fulminantes. Había un cierto halo de misterio y superstición en el ambiente, a pesar de que los médicos diagnosticaron un shock alérgico al picante que Rebeca había comido en el almuerzo de ese día. Esa fue la versión oficial de la muerte de Rebeca y su bebé.

Camino al cementerio fui recordando uno a uno los momentos que Rebeca y yo pasamos juntos a lo largo de tantos años. Los juegos inocentes de nuestra infancia, las charlas interminables de nuestra juventud, las confidencias guardadas. ¡Cuánta falta me haces ya, querida amiga!

Una vez reunidos alrededor de la tumba, mientras rezábamos por su alma, rompí en llanto. Era demasiado para mí. No podía dejar de pensar en ella; su hermoso cabello castaño oscuro con visos rojizos, los ojos negros, grandes y profundos, y el aroma de su piel que me robaba el aliento. Toda mi vida estuve enamorado de esa mujer; siempre cerca, ayudándola y compartiendo sus sueños. Sin embargo, y a pesar de que conocía mis sentimientos, Rebeca siempre me trató como a un gran amigo y solía decir que me quería “como a un hermano”. Nunca me quiso dar una oportunidad. ¿Por qué, Rebeca? ¿Qué podía ofrecerte Enrique que no pudiera darte yo? Mira qué bello el arreglo de claveles que hice especialmente para ti, como muestra de mi amor incondicional. Incluso disolví tres aspirinas en el agua para que las flores se conservaran frescas por más tiempo. ¿Qué pasó, Rebeca? ¿No podías respirar? Así mismo me sentí yo durante ocho largos años. Pero no te preocupes, que ahora todo será mejor. Y para que nunca me olvides, el mismo Enrique arrojó a la fosa esos claveles frescos y perfectos que tanto te habían gustado, mi amor.

Desde ahora, mis visitas a Rebeca serán en el cementerio; las circunstancias lo ameritan.


©2006 PSR


** "Rebeca" obtuvo Mención de Honor en el 15 Concurso Literario del Instituto de Cultura Peruana en Miami, Estados Unidos, en 2006. 
*** "Rebeca" apareció publicada en mayo de 2013 en la edición especial de la revista literaria Letralia por su 17 aniversario, cuyo tema es el cuento policial y la poesía noir