LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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lunes, 5 de octubre de 2020

Resistimos... 2020

Resistimos... 2020 

 

En la era rapaz que nos tocó vivir 

en este mundo nuestro que se vuelve más gris 

resistimos. 

 

Cuando por la codicia humana 

el calor aumenta, el hielo se derrite 

el infierno abrasa los bosques 

mientras osos polares se deprimen 

Juracán muestra su ira 

Niño y Niña juegan a mutilar cosechas 

tampoco hay abejas para lo que resta 

sismos y tsunamis fustigan la Tierra 

...la hecatombe nos oprime. 

Pagamos todos destrucción, hambre 

y en medio del dolor, con el último hilo del espíritu 

resistimos. 

 

Moribunda está la Pachamama. 

La torpeza de muchos 

enmugrece campos y mares 

nos roba el sol 

hediondo se tiñe el aire 

químicos viles 

nos envenenan  

microbios exóticos 

malignos 

invisibles 

juegan a las escondidas 

enmascarados 

nos toman por sorpresa 

se posan sobre la piel 

los absorbemos 

los respiramos, los bebemos 

viajan alegres por los confines 

regodeándose en el pánico 

enfermando a los que amamos 

sin importar la edad 

sin piedad  

con desparpajo 

nos azotan, inclementes 

cuando no alcanzan las camas 

en los hospitales 

no existen medicinas 

ni hay equipos suficientes. 

Se apilan las víctimas 

en todo el mundo por igual 

cuales torres fúnebres 

en un ajedrez sádico 

donde los dos reyes sucumben. 

El dolor y la tristeza 

son clichés macabros 

para cualquier poema... 

Somos los cipreses de la arboleda 

que en pie quedamos 

aferrados a aquella fibra de cordura 

dignos hijos de Natura 

y en un esfuerzo titánico 

con amor y solidaridad 

resistimos. 

 

Tiranos del dinero y del poder 

deshojan vidas, nobles pueblos, naciones. 

Bizcos de avaricia imponen tinieblas 

telas opacas de ignorancia y engaños 

que debemos disipar con palabras y acciones. 

Su plan perverso de guerra y miseria no será más 

si todos, como uno, la voz alzamos

y resistimos. 

  

 

©Patricia Schaefer Röder 2018. Actualizado ©PSR 2020. 

 

*"Resistimos" aparece en Resistir - Antología de poesía latinoamericana Centros PEN de Latinoamérica 2020. Dirigida por Rocío Durán Barba con la colaboración del PEN Francia 2019 

 

 


miércoles, 22 de abril de 2009

TORTUGA

La tortuga es mi tótem, mi animal espiritual. Lo ha sido siempre. Personifica la casa, la madre, la sabiduría. Es muy antigua; no ha cambiado en millones de años y se ha adaptado a su medio, logrando mantenerse.

En la mitología se solía representar a la tortuga llevando al mundo sobre su caparazón; esa fortaleza le da cierto carácter terco en el que nos parecemos. Las tortugas están atadas irremediablemente a su pesado y rígido carapacho, presas de la gravedad y totalmente a merced del mundo; en este sentido son frágiles. Lo maravilloso es que, a pesar de ser tan indefensas, pueden vivir muchos años. Su caparazón les sirve de protección, pero también les impide moverse ágilmente para atacar. El mismo carapacho les confiere una gran resistencia y durabilidad, y es justamente su punto débil; ya que si por algún infortunio resultan volteadas boca arriba, morirán sin remedio. Por otro lado, cualquier sitio puede ser su hogar porque, paradójicamente, van a todas partes con su casa a cuestas.

La gran cantidad de huevos que pone en una sola desovada le confiere un fuerte componente femenino y delicado. Por ser animales tan lentos, se relacionan con la tranquilidad y la calma, y por extensión, con la seguridad. La tortuga transmite una sensación de paz y tolerancia, y es un excelente emblema para los movimientos pacifistas.

La tortuga encarna las cosas que persigo. Es longeva y existe desde hace muchísimo tiempo; atributos que le dan perennidad y una sabiduría implícita. Como símbolo es versátil, porque representa una imagen universal, a la vez que tiene la dualidad del animal terrestre y el marino, haciéndola compleja y muy interesante.

La tortuga de tierra carga al mundo entero sobre su caparazón, mientras que la marina se sumerge en él, dejándose envolver en la inmensidad del océano. La tortuga de tierra está presa dentro de un carapacho voluminoso y pesado que le impide realizar muchos movimientos; camina con su casa a cuestas y se desplaza con fuerza y aplomo, pero sin agilidad. La tortuga marina es rápida y puede “volar” con gracia en las aguas, sin nada que se lo impida. La veo más libre; su cuerpo es hidrodinámico y su hogar es el mar. Tiene movimientos ligeros y es capaz de reaccionar a una velocidad mucho mayor.

Mi relación con la tortuga ha cambiado un tanto. En mi juventud me veía reflejada en la de tierra; sentía que a pesar de que era un ser humano frágil, podía aguantar el mundo y lo que contiene sobre mi espalda; hacerme cargo de todos los problemas de los demás y los míos propios, refugiándome en mi caparazón para defenderme. Ahora lo veo de otra manera; me siento más identificada con la tortuga marina, que en lugar de cargar con el peso del mundo, se zambulle en sus aguas y lo vive desde dentro. No hay gravedad que la ate a nada; al contrario, vuela por los mares con movimientos ágiles y armoniosos. El tiempo me ha enseñado que es imposible llevar el peso de toda la humanidad a cuestas; no me quedaría suficiente energía para nada más. Para poder hacer algo bueno por el mundo, debo tomarlo como es y vivir en él a plenitud y con libertad.


©2006 PSR