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miércoles, 20 de febrero de 2013

EL ESPANTAPÁJAROS


Atardecía. Otro día se acababa en el campo. La calma reinaba al ponerse el sol suavemente en el horizonte tenue de principios de primavera. Todos regresaban a sus casas, a sus establos, a sus madrigueras. Todos se disponían a descansar junto a los suyos. Todos, menos el espantapájaros.

Siempre había sido así; a nadie se le hubiera ocurrido que fuese de otro modo. Pero esa tarde, algo se notaba distinto en el ambiente. Después de tanto tiempo, el espantapájaros se dio cuenta por primera vez de su existencia.

Comenzó a verse a sí mismo como un ser independiente de su entorno. Hasta ese momento se había sentido como un artefacto más de la granja, haciendo su trabajo rutinario, inmóvil, con los brazos extendidos lado a lado, los ojos apuntando siempre en la misma dirección y los pies enterrados en el suelo del campo. Le parecía normal ser tan sólo una parte del mobiliario, de las instalaciones agrícolas de la región. Sin embargo, un no sé qué lo sacó de su letargo de estatua utilitaria y al fin sintió. De pronto, aquella tierra fértil que hasta entonces lo sostenía, ahora lo aprisionaba. El viento que solía arrullarlo hasta dejarlo dormido, ahora lo helaba por dentro. Y la noche que antes le brindaba paz para descansar del trabajo diario, ahora lo hacía percatarse de su inmensa soledad.

Así pasó el tiempo, aumentando cada día la tristeza del espantapájaros. No comprendía por qué estaba solo, si era tan bueno en su labor y siempre cumplía con su deber cabalmente. ¿Por qué nadie querría ser su amigo?

Entonces, una noche de verano, al ver el rostro pétreo de la luna saliendo enorme por el este, el espantapájaros juntó todas sus fuerzas y logró zafarse de su grillete de arcilla y humus, un pie a la vez. Para evitar que lo reconocieran, se quitó las ropas. Caminó por los sembradíos buscando a alguien, a cualquiera, pero fue inútil. El campo estaba desierto.

Siguió avanzando hasta llegar al borde del bosque. Con los brazos caídos igual que su ánimo, se sintió más solo que nunca y deseó con todas las fuerzas pertenecer a una familia; no importaba a cuál. Anhelaba ser un miembro vivo e importante de un grupo; necesitaba sentirse orgulloso de su existencia y no quería que ningún ser le tuviera miedo.

Cansado, arrastró los pies por el bosque oscuro en busca de refugio y abrigo. En un claro, vio los enormes abetos que tocaban las estrellas con sus ramas y se emocionó profundamente. Mientras más los detallaba, más se maravillaba. Una desconocida sensación lo llenaba de paz. De pronto, para su propio asombro y sin querer evitarlo, sus brazos comenzaron a levantarse de nuevo, llenándose de una extraña energía. Los pies cansados se proyectaron hacia abajo, perforando el suelo del bosque, y aquel cuerpo de heno se fue fortaleciendo en una gruesa corteza parda de la cual nacía musgo verdiblanco. La felicidad lo embargó cuando de los brazos, pecho y cabeza brotaron ramas con hojas.

Amanecía. Las aves del bosque revoloteaban entre el follaje, posándose alegres sobre el nuevo gran abeto. Buscaban alimento y lugar para construir sus nidos. Había un rumor extático en el ambiente. Y en su interior, él sonreía.


©2013 PSR


36 comentarios:

  1. MUY MUY BUENO DIRIA QUE ME ENCANTA

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  2. Me gustó mucho Patty. Se la voy a leer a mis hijos. Cariños.

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  3. Que relato tan sublime y hermoso Patricia. Es precioso y tu una creadora de alegria. Gracias!

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  4. Más que bueno, tiene esa belleza qué brota del espíritu.

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  5. Por eso eres una de las grandes mujeres de la actualidad, eres grande Patricia Schaefer Roder, te admiro.

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  6. me encanto... me parece excelente

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  7. Bellisimo lleno de magia y emocion felicitaciones lo disfrute mucho. Exitos.

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  8. Todo el mundo alcanza su realizacion, cuando es capaz de beneficiar a otros. Bello tu cuento!

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  9. Bien escrito, con un mensaje llegando a lo más profundo de la belleza, esa qué escondemos en el corazón.

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  10. Magnífico relato, las descripciones son maravillosas y el espantapájaros se vuelve un persona entrañable, toda palabra está muy bien dosificada y la narración es maravillosa. Logra conmover al lector.

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  11. Oye esta bien padre, me gusto mucho. Se podria saber en que te inspiraste? Saludos.

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  12. Cuantas veces nos sentimos espantapájaros?, cuantas veces nos animamos a sacar los pies del barro?...

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  13. HERMOSO Y POETICO...PERO MAS HERMOSO Y POETICO EL FINAL...OBRA IN CRESCENDO...!

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  14. me encanto amiga..que bella imaginacion...realmente me encanto..me atrapo..besos

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  15. me ha encantado, muy bonito cuento. Felicidades.

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  16. Ser abeto, pertenecer, transformarse!!! Hermoso.

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  17. Fascinante, se puede reflexionar mucho a partir de este relato.

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  18. Hermosa historia!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  19. Excelente Patricia, que bueno que compartas siempre tus escritos, un abrazo y saludos...!!!

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  20. FELICITACIONES DEMASIADO HERMOSO!!!

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  21. Muy bello, moraleja: podemos convertirnos en lo que queramos ser. Y que bueno se siente cuando este cambio nos trae felicidad! Un dia te das cuenta que eres un espantapájaros y buscas tu camino para encontrar la felicidad en la transformación. Te felicito. Extraordinario!!!

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  22. Que linda historia ese espantapajaro se parece a alguien que yo conozco y soy yo. la felicito siempre entra a mi corazón muy fácil y logra que broten lágrimas abrazo.

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  23. Una historia optimista, hermosa. Me gusta.

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