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miércoles, 24 de abril de 2013

TEMPORAL (...todo en la vida lo es)

Despierto de golpe, con el corazón en la boca y bañada en sudor. ¿Qué me pasa? Bebo un gran sorbo de agua. Mi piel empapada se seca despacio bajo una fina escarcha salada, dejando en el lecho el mapa de mi cuerpo. Tengo frío; lo único que me cubre es un lienzo de hilo. No suelo necesitar más; las noches aquí son cálidas y el contacto directo del yo vulnerable con las sábanas me consiente en una sensualidad liberadora. Pero hoy es diferente; el aire se siente pesado y gélido.

La luna blanca y redonda entrando por la ventana tampoco me ayuda a encontrar la paz. Los coquíes, que normalmente me acunan en un delicioso sueño con su canto amoroso, hoy parecen más exaltados que nunca. Las sombras de las palmeras agitadas en la pared de mi habitación y el barrido de las ramas sobre los muros de la casa me dicen que se avecina una borrasca. En un acto premonitorio, el perro ladra y entra por el acceso de la cocina.

Entonces, sucede. El cielo cae con todo su peso sobre el mundo que encuentra a su paso, subyugándolo, envolviéndolo en un manto líquido, grueso y limpio. Las enormes gotas chocan contundentes contra árboles, techos, paredes, suelo. Contra el espíritu atrapado en la armadura aquella. Contra el alma que teme marchitarse. El viento sopla cada vez con más fuerza, como queriendo arrasar la rutina acumulada en mil años de una existencia corriente. Agua, viento. Más agua. Más viento. Las ventanas se comban, estremeciéndose ante la presión de las ráfagas que se vuelven casi continuas e impredecibles en la penumbra. Los vidrios parecen de goma, tan elásticos resultaron ser. El golpeteo creciente de la lluvia se mezcla con el atropello de las plantas, zarandeadas en todas direcciones por rachas enloquecidas que parecieran buscar una salida en medio de lo abierto. El agua se escurre brillante por techos, muros y ventanas. Por árboles, palmeras y trinitarias. Por los objetos que forman parte de mi vida y la de mi familia, que se quedaron a la intemperie, indefensos, aquella noche que no debía llover. Por las pendientes del jardín y el patio. Por mi mente, que no quiere darme un respiro. Como tantas otras cosas en la vida, lo que comenzó como un concierto grandioso, se transformó en un ruido asonante; una manifestación iracunda de la hostilidad de Huracán, el Dios del Mal en el Caribe, en su insistente afán de arrasar con lo que no le pertenece.

Así, con tanta furia contenida en su naturaleza, va destrozando sin clemencia cuanto descubre a su paso. Árboles, postes de luz, cosechas, casas, industrias. Todo cae. Al desmoronarse el mundo, los restos quedan esparcidos en un gran charco universal, reducidos a su mínima expresión. El pánico se apodera de quienes no estaban preparados para tal suceso, pero en medio del desastre, reciben el apoyo de desconocidos que les tienden la mano.

Al fin, después de un tiempo que parece interminable, el estruendo se debilita. El viento cede. El agua cesa. Una vez más, el infierno resultó ser momentáneo. Poco a poco sobreviene la calma, con la esperanza que trae la nueva mañana. La experiencia me dice que el arco iris está a punto de aparecer. Volveremos a edificar nuestras vidas, lo sé. Mientras tanto, nos ayudaremos como hermanos, recogiendo los escombros para allanar el camino al futuro.   

41 comentarios:

  1. Después de la tormenta viene la calma. La solidaridad, el sentido de responsabilidad social, favorecen una pronta recuperación.

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  2. "Los pajaros saben, que no hay invierno que dure 100 años, y que al pasar la tormenta, la primera semilla que brota es el sol" Me encanto!!!!

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  3. Hiciste Volar mi mente estando sentada

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  4. me gusto mucho este escrito; me parecio muy fuerte, pero muy bello.

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  5. Bellísimo! Me fascina la forma como relatas y describes, me transporta!

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  6. Hermoso, Patricia Schaefer. Después de la tempestad viene la calma. Un abrazo y que tu texto sea premonitorio. Gracias.

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  7. Patricia (poetisa) es bellísimo tu pensamiento.

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  8. Patricia muy bueno tu escrito realmente ,la angustia de esa lluvia demoledora la traslado a Venezuela, donde no es la lluvia sino seres humanos ,millones de seres que se han sentido pisoteados,tan solo por pedir La VERDAD que los hara libres ...saludos

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  9. Como tu dices todo tiene su final,y espero el sol se meta en el corazon de los que no tienen la verdad!!

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  10. hola patricia, gracias por darnos la oportunidad de leer este escrito, es precioso, me encanta me recuerda a mi misma mi forma de escribir, me gusta.

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  11. Por un momento me sentí en medio de la tormenta.....

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  12. Wow que descripcion tan emotiva, me hizo rememorar la tragedia del estado Vargas hace unos cuantos años en Venezuela me encantan tus escritos felicitaciones y mucho exito.

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  13. Esplendido Patricia, excelente narrativa, me ha gustado mucho, he visto que tienes un blog, te seguiré....un abrazo cálido para ti.

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  14. Hermoso Patricia Schaefer Roder, hermoso... los mensajes del alma son los que mas calan... gracias

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  15. Ufff, muy bueno. La descripción de la tormenta dentro de la "armadura aquella" me recordó un huracán que pasé en mi casa en San Juan.

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  16. Jajaja, me estoy enterando después de escribir lo de antes, que vives en Puerto Rico. Esos son los hilos del universo.

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  17. excelente todo lo que escribe enriquece el alma, a mi me da paz me traslado a todo lo que esccribe y me da animo dependiendo de sus escritos.

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  18. Bella descripción de lugares para nosotros desconocidos.....me encanta!

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  19. Patricia Schaefer Roder, siempre te leo pues me encanta lo que escribes y cómo lo expresas.

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  20. Estoy muy de acuerdo contigo Patricia...todo en la vida es temporal..incluyendo la vida misma...por lo tanto debemos dar lo maximo en todo momento antes que se lo lleve el temporal....

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  21. Excelente Patricia. Fascinante, transportador...

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  22. Gracias, Patricia Schaefer Roder, por compartir.

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  23. Gracias Patricia Schaefer Röder Has hecho una descripción del momento por el que estoy atravesando. . . Me encantó poner tu texto a mi alma, porque veo la posibilidad del arcoiris!! Besossss

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