LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

¡Atrévete! Disfruta y regala libros originales: 'A la sombra del mango'; relatos breves, Premio ILBA. 'Yara y otras historias'; 34 relatos, 34 sorpresas. 'Divina: la mujer en veinte voces'; antología latinoamericana de cuentos, Premio ILBA. 'Andares'; cuentos de viajes. 'Siglema 575: poesía minimalista'; una nueva manera de vivir la poesía. 'Di lo que quieres decir: Antología de siglemas 575'; resultados de los Certámenes Internacionales de Siglema 575, Premio ILBA. 'Marina con almendrones'; relata la amistad entre Armando Reverón y Vincent van Gogh, Premio ILBA. 'El mundo oculto', novela de Shamim Sarif traducida por Patricia Schaefer Röder. 'Por la ruta escarlata' y 'Mi dulce curiosidad', novelas de Amanda Hale traducidas por Patricia Schaefer Röder, ganadoras de Premios en Traducción en los International Latino Book Awards. A la venta en amazon.com y librerías.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014

S E L E N E



Sola estás hoy
misteriosa y mágica
hermosa Luna.

Errante dama
acompañas mi vida
año tras día.

Luces brillante
con tu halo multicolor
flotando suave.

Entras segura
en mi mente y voluntad
dueña del tiempo.

Nunca abandonas
mis huellas en la senda
al horizonte.

Eres tan sabia
en tu zenit de estrellas
reina por siempre.


©2014 PSR


miércoles, 13 de noviembre de 2013

N Y C


Nadie te iguala
hogar de tanta gente
crisol de pueblos.

Y eres mágica
sobrevives estoica
toda adversidad.

Ciudad e historia
sigues siendo capital
del mundo entero.


©2013 PSR



SIGLEMA 575

Un siglema 575 es un poema que se escribe en base a las letras de la palabra o palabras que definen su tema y que constituyen su título. El tema es libre y las palabras que lo definen forman el título, el cual queda representado como una especie de acrónimo, con las siglas separadas entre ellas por un espacio. Cada estrofa posee tres versos, de los cuales la primera palabra del primero debe comenzar con la letra correspondiente a la sigla que le toca. La métrica es 5-7-5, con rima libre. Por su naturaleza acrónima, las estrofas deben poder funcionar independientemente como un poema autónomo, y en conjunto, como parte de un poema de varias estrofas que gire alrededor del mismo tema. En un siglema 575 hay tantas estrofas como letras posea el título.

© Patricia Schaefer Röder, 15 de agosto de 2011.

miércoles, 7 de agosto de 2013

PERÚ


De nuevo arribo
mi equipaje lleno de esperanzas
los sentidos abiertos a nuevas vivencias
en el noble suelo peruano.

Tierra hermosa de contrastes
que compiten en encantos
desde la silueta sensual de tus costas
campo adentro, hacia el infinito.  
Permíteme volar junto al cóndor
admirando aquellos dibujos
regalos para los dioses
en medio del desierto.
Quiero andar por caminos mágicos
entre cientos de pirámides
que comparten calles
con santuarios españoles
en la Ciudad de los Reyes.
Déjame entrar en la espesura
oscura y recia de la Amazonía
donde la gran Motelo mama lleva presta
sobre el noble carapacho
la ciudad entera de Iquitos.
Luego, seducida por el llamado
de las kenas sibilantes
hazme subir hasta el firmamento
por los gigantes Andes.

Hoy, Pacífico me saluda
descansando en la arena limeña.
Terco, el mar desafía al espeso cielo
a darle paso a Inti
retándolo día y noche
a dejar que la luna coqueta se haga ver
o simplemente
a que las nubes se abran alguna vez
en desconocidas gotas gruesas
sobre la árida, húmeda costa.

Perú
una vez más me recibes
apacible
en tu gente canela, linda.
Mujeres que son flores
rosas de las dunas
fuertes como cactus
dulces corazones amables.
Vuelvo a ser embrujada
por el trato fino
los ojos sabios  
de mirada limpia
y aquellas sonrisas amplias
brillantes.

Vibra en mí, Lima
fascinación milenaria
por tus secretos guardados
en oráculos y huacas.
Mis raíces celtas abrazan solemnes
las culturas preincaicas
aquellas que adoraban al mar
reverenciando al tiburón
desde el valle del Rímac.

Perú maravilloso
plácido te has convertido
en terapia profunda para mi vida.
Una vez y otra
encontré en ti el sosiego
que, aterrado
había huido sin rumbo
dejándome abandonada
el último año de los mayas.

Vengo al encuentro de amigos
que han dado acogida
a este corazón deshilachado
extendidos los brazos
listos para estrecharme
en tal divino calor.
Me enamoraré de nuevo
de la delicada poesía
plasmada con elegancia
en mil detalles prístinos
por mis hermanas de tinta.
Compartiré, sencilla
mi alma agradecida
llevándome a cambio
invaluable cariño.
Perú divino de mis sueños
un día volveré a ti
…lo sé.


©2013 PSR


miércoles, 19 de septiembre de 2012

P E R Ú



Pachamama una
aún guías la vida
junto al gran Inti.
 
En piel canela
sonríen ojos negros
hondos, perfectos.
 
Ruinas solemnes
tradición, modernidad
inevitables.
 
Único pueblo
de una tierra mágica
que me enamoró.
 
 
©2012 PSR


miércoles, 11 de mayo de 2011

SILENCIOS

“…Al fin llegamos. Al abrir la puerta de la casa, la luz se apagó de repente. De pronto todo quedó en calma, incluso los niños quedaron silentes. Entramos cada quien a lo suyo, junto al silencio que se abrió paso de golpe en el espacio, llenándolo de una quietud abrumadora. En el aire hay una presión y un peso que nunca antes había experimentado; el silencio intenta perforarme los oídos y el cerebro. La calma total es apabullante, es la ausencia de cualquier cosa. Es la aniquilación, la muerte; peor aun: la no existencia. La ausencia de todo sonido crea esa paz fantasmagórica que tienen los objetos inertes, inanimados. No queda ni un murmullo, ni rastros del rumor de alguna máquina, ni el trinar de las aves o los sonidos ásperos de los insectos. El silencio que se apoderó del atardecer me subyuga, aplastándome, haciéndome incapaz de articular palabra. Ni siquiera puedo hacer ruido porque el silencio se lo tragaría. Romper el silencio es una tarea titánica; es vencer el mayor obstáculo en mi vida en este preciso instante. Sería equivalente a destruir el entramado de cristales que forma el espejo de un lago en pleno invierno; se rompería la estructura. La calma es más poderosa que el ruido. Es más fuerte que mil cadenas. El sonido implica desorden, es entrópico; la calma es fuerte porque depende del orden. El silencio puede aniquilar cualquier intento de explicación o razonamiento. El silencio es sublime y tiránico a la vez. Puede destrozarnos o liberarnos, pero siempre tiene el poder de la última palabra. El silencio gana. Al principio de todo había silencio, y al final también lo habrá. El nacimiento y la vida del universo suceden gracias al amable interludio de sonido que nos regala el silencio dueño de las dimensiones, que volverá a invadirlo todo cuando ya todo haya acabado.

En medio de este silencio universal, comienzo a divagar igual que lo hacía cuando era niña. En aquel entonces pasaba horas sentada frente a un objeto magnífico, esperando que algo sucediera. En realidad sucedía cada media hora, pero yo pasaba paciente toda la tarde, atenta al momento preciso para no perderme de nada. Así lo veía varias veces, y me quedaba maravillada siempre. A pesar de verlo una y otra vez, no me cansaba. Cada nueva ocasión era un nuevo regalo, una nueva oportunidad de experimentar la magia, una nueva manera de recomenzar, tal vez. Eran momentos de grata espera, en los que la imaginación viajaba a través del pasillo nublado de mi casa hacia bosques encantados, llenos de seres fantásticos y personajes mágicos. Entonces huía del lobo o me enfrentaba a la bruja, luchaba con el dragón o ayudaba a las hadas; pero siempre salía victoriosa y me reunía con el príncipe valiente en un final feliz. Todo eso sucedía mientras estaba sentada en el suelo, en silencio, mirando hacia lo alto de la pared en una especie de hipnosis que llegaba a su punto culminante cada vez que la aguja larga señalaba al cielo o a la tierra. Una bella pieza de madera tallada con motivos de árboles y pájaros, con manecillas blancas que paseaban por números romanos. Me miraba imponente desde aquel lugar inalcanzable, y sin embargo, estaba suficientemente cerca para poder observarlo en detalle, desde el mismo punto del pasillo, todos los días de mi niñez. Concentrándome en su presencia pura podía dejarme ir lejos y soñar. Era exacto. Era perfecto. Era maravilloso. Nunca me falló, no me decepcionó ni me engañó jamás. En mi imaginación subía por las cadenas y llegaba al centro de su mecánica. Como el príncipe de Rapunzel, deseaba conocer al que cantaba y se escondía detrás de la ventana. Quería saber quién hacía funcionar el mecanismo y cómo lo hacía con tanta precisión. Pasaba el tiempo observando minuciosamente todos los cortes en la madera, las figuras, los adornos. La fantasía y la realidad se fundían en mi conciencia despertando cada fragmento de memoria, liberando el pensamiento que estallaba en miles de ideas nuevas, ansiosas de que la niña en mí les diera vida. Y de pronto, cuando menos lo esperaba, el cucú cantarín salía a saludarme, amable y fugaz. Me alegraba verlo de nuevo. Y me quedaba sentada, soñando durante otra media hora, para volverlo a ver…”.


(fragmento tomado de un trabajo en proceso)

© 2009 PSR

miércoles, 25 de agosto de 2010

VENEZUELA

“venezuela
la tierra de gracia”
donde por fortuna nací
con mucho orgullo
aun sin pedirlo.

“venezuela mágica”
encantadora
fuiste, eres
y siempre serás
atractiva
hermosa
e indomable
como el turpial.

“venezuela
el secreto mejor guardado
del caribe”
cuéntame tus secretos
en el susurro nocturno
del viento
y en el rumor cálido
de las olas por la tarde.

“venezuela
tu país
un país para querer”
por encima de todo
amas a tus hijos
por igual…
¿será que tus hijos
ahora enfrentados
olvidaron quererte?

“venezuela…”
mi patria eterna
noble y buena
como su gente
guerrera valiente
inquebrantable
como el acero
intensa
como el sol del mediodía
venezuela mía
te amo.


©2010 PSR

miércoles, 11 de agosto de 2010

DEJA QUE TE CUENTE...

La vida es una gran novela que narra nuestra historia dentro del universo que nos rodea, con cientos de personajes de mayor o menor exposición, todos imprescindibles, e infinidad de localidades y tiempos en los que se suceden las diversas situaciones que experimentamos. Constantemente relatamos, nos relatan y somos protagonistas de otros relatos más. Desde que somos niños se nos entrena para expresarnos de manera clara, coherente y se espera que dominemos ese arte vital del cual dependerá nuestra existencia. Y es que el humano es un ser social que vive en grupos de mayor o menor tamaño organizados a diferentes niveles, por lo que nunca estamos realmente solos en la vida. Son pocas las excepciones de personas que viven aisladas por completo; la inmensa mayoría de nosotros interacciona con alguien más de una u otra manera. Así, una forma importante de interacción sucede a través del lenguaje: al hablar o escribir estamos contando algo; de esta manera compartimos nuestras ideas y emociones.

Todos tenemos cosas que contar. Cada día le comentamos a alguien nuestros sueños, esperanzas, pesares, anécdotas, recuerdos y fantasías. También contamos lo que les pasa a otros, ¡incluso contamos chismes! En todo caso, nos sentimos bien cuando sabemos que hay quien nos escucha y le interesa lo que nos sucede. Necesitamos desahogarnos para liberar nuestra alma de tantas situaciones reales y ficticias que se van amontonando en ella como los granos de arena en las dunas del desierto. No hay nada mejor para aliviarnos, que contarle a nuestro confidente sobre eso que tanto nos preocupa. Y nada mejor para compartir una gran alegría, que explicarle a otro qué es eso que nos eleva por encima de las nubes.

Sea cual sea el tema, cada quien cuenta las cosas como más le gusta, dándole mayor o menor importancia a cada detalle con pinceladas personales según su estilo; añadiéndole o quitándole luz y color para lograr transmitir exactamente el mensaje que quiere.

Desde que era una niña, mi madre insistía en que le contara de las salidas con mis amigas y amigos con todo el detalle posible; me pedía que le narrara la historia entera desde el momento en que cerraba la puerta de la casa: quiénes estaban presentes, cómo era cada uno, qué hacían y qué tanto nos divertíamos y de qué manera, claro. A mí siempre me hizo mucha gracia esa costumbre, y aún hoy en día mi madre me hace sonreír cuando me pregunta sin cuartel y al mismo tiempo sin juzgar, sólo por el gusto de que le cuente algo.

Otra cosa que me encanta es cuando me pide que le cuente algo bonito. Este es un ejercicio muy positivo, yo diría incluso terapéutico, porque hace que me concentre en ideas luminosas y aparte las cosas negativas de mi mente. Mi madre es de aquellas personas que realmente saben escuchar; le gusta que le cuenten cosas, y cuando alguien lo hace, pone toda su atención en ello.

Estos son mis cuentos; aquellos que quisiera contarles durante una charla mientras disfrutamos de un café... o de una copa de vino. Yara y otras historias es una colección de treinta y cuatro relatos en los que he desahogado mi alma buscando mis raíces, encontrando mi naturaleza femenina, enfrentando miedos ancestrales, descubriendo la esencia de la condición humana, viviendo y desviviendo emociones y sentimientos diametralmente opuestos, soñando despierta, volando a otros mundos, a otros tiempos, a otras realidades más o menos mágicas… más o menos reales. Yara y otras historias es una ventana abierta a una parte de mí que pocos conocen y que he decidido compartir.



©2010 PSR

miércoles, 23 de septiembre de 2009

CUÉNTAME ALGO

Cuéntame algo
algo bonito
que me sorprenda
y refresque mi vida.

Cuéntame algo
una historia mágica
que me entretenga
y me distraiga
de grilletes perennes
cadenas que día a día
aplastan al ser
inmerso en la rutina.

Olvidemos
por un momento
menos corto
más largo
el dolor
que trae la sal
en las heridas
la impotencia
por las injusticias
la angustia
que llena los vacíos
y la desesperanza
tan amiga de las tristezas.

Llévame de la mano
por la senda del sueño
los ojos vendados
con una cinta de luz.
Quiero reconocerme de nuevo
en tu relato místico
y finalmente
encontrar la paz.

Háblame
de algo bello
que me haga suspirar
sonríe alegre
recordando
esa misma anécdota
que nos hace reír.
Confía en mí
comparte tus deseos
aquellos anhelos
ésos
los más secretos
para llevarlos a cabo.

Abre el corazón
dejando escapar
mil miedos
inseguridades
angustias mutilantes.
Todo es mentira
nada existe.
Si lo cuentas
rompes el hechizo
¡no lo olvides!

Cuéntame algo
algo hermoso
que me haga soñar
liberando mi espíritu
saciando el alma
hambrienta.
Y siempre
que me cuentes algo
tómate tu tiempo
al menos
por un momento
eterno.


©2009 PSR

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MAGIA

Tu sonrisa
plena de luz
y bondad
llena de vida
mi alma.

Brillan tus ojos
con la expresión más serena
del mundo
inundada de paz
y alegría
internas.

Toda la ternura
que atesoras
incontenible
rebosa plácida
con el siempre
perenne
deseo de felicidad.

Haces magia, amiga.


© 2009 PSR

miércoles, 24 de junio de 2009

ENSUEÑOS MUSICALES: QUINTA ANAUCO

Puedo cerrar los ojos y evadirme cuando lo deseo. De las zarabandas a las fantasías musicales sólo hay un paso, y a veces, mucho menos que eso. Me desprendo de mi ser físico y de mi estar allí, y puedo esconderme en un acorde de cualquiera de los instrumentos que suenan.

Los movimientos constantes de las personas a mi alrededor me molestan, así como el ruido de la puerta que se abre y se cierra con fuerza, y el de los brazos abanicando con el programa de turno por el intenso sopor. Prefiero huir una y otra vez; y tantas veces como sea necesario, dejando mi cuerpo allí, y volando con mi alma a otro lugar lejano.

Es como la consumación de un viaje astral; la separación del ente físico y el espiritual, flotando por espacios multicolores y multidimensionales. No puedo detenerme ni siquiera para aplaudir; lo inmaterial de mi ser quiere seguir meciéndose en ese vacío pleno de sensaciones visuales, auditivas y hasta táctiles; porque es como si la música me tocara por dentro y revolviera mis entrañas, dando afinación a cada una de las fibras de mi alma.

Bulle en mí una necesidad imperiosa de liberar todos esos sentimientos que normalmente naufragan en mi ser y que siento que en algún momento me van a destrozar el pecho y la mente. Así que, aunque lo quiera o no, debo dejarlos salir a flote para que se salven y a la vez me ayuden a salvarme a mí misma de las tinieblas de la incertidumbre y el desamor.

La música llena todos mis espacios; internos y externos, reales e imaginarios. Me llena por completo sin dejar ningún resquicio que escape a ello. Es magia. Mi cuerpo se encuentra atrapado en esta pequeña sala llena de gente, cada uno con su pasado, sus problemas y su futuro incierto. Mi cuerpo tiene calor y no puede salir en este instante a tomar agua ni aire fresco. Pero mi espíritu se eleva por encima de las cabezas de las demás personas y se deleita danzando al compás de esta celestial música del Renacimiento y del Barroco temprano, perfecta para relajarnos en cuerpo y mente, y escapar momentáneamente de todas las ataduras terrenales que a veces nosotros mismos nos creamos.

El salón en el que está mi cuerpo es muy pequeño, con insuficiente espacio para albergar a tantas personas que decidieron darse cita hoy para compartir la antigua música de mis antepasados. El próximo concierto lo deberían dar en un sitio más grande, porque ya sea por curiosidad o conocimiento, se sabe que hay mucha gente interesada en pasar un rato deleitándose con estas ancestrales melodías tan bellamente interpretadas por estos magníficos músicos.

Sin embargo, en la intimidad de este recinto y a pesar de la gente a mi alrededor siento mi alma renacer, reconstituirse y elevarse hasta las más altas cumbres, y más allá aún, para ser una con el sol y las estrellas. En ese momento, plena de energía veo a mi alrededor y me percato de que la felicidad está donde queremos que esté; somos nosotros quienes la llevamos de un lado a otro en nuestros corazones, siempre en nuestro ser formando parte de la esencia misma de la vida. ¡Pero cuán difícil se nos hace a veces encontrarla, reconocerla! Cuántas veces la hemos tenido cerca y no la hemos visto; no siempre fuimos capaces de acercarnos y tomarla de la mano, y dejar que se expandiera dentro del espíritu, del alma tan magullada en algunas oportunidades.

Por eso me desentiendo de mi cuerpo y de mi entorno al escuchar estas melodías, por eso soy tan afortunada de encontrarme aquí y ahora con la felicidad que a veces se me quiere esconder en el camino, que de vez en cuando pareciera querer jugarme una mala pasada y hacerse la desentendida conmigo. Pero en este instante, al flotar junto a ella en mi universo musical, llego a creer que no la dejaré escapar nunca más...

Patricia Schaefer Röder
18 abril 1993
Museo de Arte Colonial Quinta Anauco, Caracas
© 1993 PSR

miércoles, 10 de junio de 2009

CAMILA


“Se hechan las cartas. Se dán vaños y despojos”
.

—Oiga, ¿y cómo es eso? —Camila le preguntó a la mujer más vieja sentada en aquel tarantín del mercado, señalando el anuncio escrito a mano sobre un cartón torcido.
—Buenos días —dijeron las dos mujeres.
—Buenos días —respondió Camila, intentando esconder un tanto de vergüenza en una sonrisa nerviosa—, ¿cómo les va?
—Bien, gracias a Dio’ —dijeron a una voz.
—Mire, es que tengo una duda: ¿cuáles cartas echan y cómo lo hacen?
—Bueno, nosotras usamo’ la baraja española. Primero le echamo’ las cartas pa’ ve’ su suerte y luego le damo’ baños o despojos, según lo que necesite —contestó.
—¿Y quién lo hace?
—Lo hace mi hija —dijo la vieja, señalando a la mujer más joven sentada a su derecha—. Yo no practico.
—Yo lo hago. Yo echo las cartas —afirmó la joven de unos veinticinco años—. Yo digo to’ lo que veo. Uno tiene que contá’ to’ lo que ve; to’, todito, to’.
—¿Y usted tiene algún poder especial?
—Sí; yo tengo poderes y mi mae también. Mi hermano también nació con ellos —dijo.
—¿Y cómo sabe una que tiene poderes? ¿Se siente algo especial?
—Bueno, eso se sae’ po’que se ven cosas.
—¿Como clarividencia?
—Sí; así mismo e’.
—Mire, yo le pregunto porque mi mamá era clarividente, y yo no sé si tengo los poderes. Sí sé que he visto cosas del futuro, pero como no es muy frecuente, no estoy segura.
—Bueno, esos poderes o se tienen o no se tienen. Si usté’ los tiene y yo le echo las cartas, se van a juntá’ nuestros poderes y van a subí’ a la cabeza.
—¿Como si estuviéramos más iluminadas?
—Así mismo e’.
—¡Qué bien! ¿Y las velas para qué son?
—Son pa’ pedile’ a los santos. Cada vela es pa’ un santo. Nosotras sólo hacemo’ magia buena —dijo la vieja, señalando una pared cubierta de velones votivos de todos los colores—. Tengo el agua corriendo pa’ que se lleve la mala energía, las cosas malas.
—¿Y en esas botellas qué hay?
—Esencias pa’ la suerte, pal’ amor, pa’ la salú’, pal’ dinero y pal’ trabajo. Lo de siempre, pue’. To’ el mundo busca lo mismo. Y nosotras no hacemo’ magia negra.
—Ya veo… ¿Y esas latitas pequeñas que tiene ahí en la esquina? ¿Qué son? No las puedo ver bien de lejos.
—Son polvos de personalidá’ —dijo la joven, mostrando las pequeñas cajitas de metal con etiquetas que decían “Rosa”, “Gilberto”, “Margarita”, “Ponciano” y “Eleuterio”.
—¿Y eso qué es? ¿Por qué tienen nombres de personas?
—Tienen el nombre de la personalidá’ que les va mejó’. Por ejemplo, Rosa es apasioná’, Margarita es natural y Ponciano es sencillo.
—¿Y para qué sirven?
—Esos son pa’ la gente que siente que le hace falta algo de eso. O pa’ la gente que quiere cambiá’ su manera de ser.
—¡Qué maravilla! ¿Y funcionan bien?
—Claro que sí. Aquí to’ funciona bien.
—¿Y usted por qué no practica? —le preguntó Camila a la vieja, que se había levantado de la silla y se estiraba sobre los talones.
—Yo no practico po’que cuando estaba en el vientre e’ mi amá, lloré. Eso me hizo perdé’ poderes desde antes de nacé’ —explicó la vieja, que tendría cerca de sesenta años.
—Entiendo —dijo Camila, y mirando a la joven, le propuso—: ¿será que me puede echar las cartas ahora?
—Si usté’ lo desea, así será. ¿Está prepará’?
—Como nunca antes —afirmó Camila, y desaparecieron juntas detrás de la cortina negra.
Era un cuartucho improvisado, oscuro, con dos sillas plegables y una mesa pequeña cubierta con un trapo negro. Se escuchaba el rumor del agua que corría incesante por una fuentecita portátil. Algunas velas rompían la oscuridad con su tímida luz y su olor se mezclaba con el del incienso y ciertas esencias indefinidas que le daban al ambiente una dimensión totalmente desconocida para Camila. Le tomó unos instantes acostumbrarse al cambio de luz.
—¿Cuál es su nombre?
—Camila.
—Pue’ siéntese aquí, Camila, que ya vamo’ a empezá’.
Las dos mujeres tomaron asiento. Camila respiró profundamente y dejó salir un fuerte suspiro. En verdad estaba preparada. Siempre había sentido la curiosidad de entrar en ese mundo extraño para ella y hoy era su oportunidad.
—Corte la baraja, Camila. Vamo’ a ve’ qué hay aquí. Hmm… no veo ná’, no veo ná’…
—¿Cómo que no ve nada? Algo tiene que haber ahí.
—Eso pasa a vece’.
—¿Sí? ¿Y por qué? ¿Qué significa?
—No puedo ve’ ná’ po’que sus poderes me lo tapan.
—¿O sea que sí tengo poderes? Pero no los sé usar…
—No importa que no sepa; sí los tiene. Ahora es el momento. ¡Rápido, déme las manos!
Emocionada, Camila entregó sus manos a la joven. Cuando hicieron contacto, una tremenda descarga de energía que salía de la mulata fulminó a Camila instantáneamente, dejando sólo una fina ceniza esparcida sobre silla y suelo.
Unos instantes después, la joven se estiró en su asiento y llamó a su hermano.
—¡Eustaquio, trai una lata! ¡Tenemo’ polvo e’ Camila!


© 2007 PSR