LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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jueves, 6 de noviembre de 2014

VACÍO (II)


soy un espacio vacante
drenado de aroma
perdido de melodía
un volumen inverso
descargado de amor
soy lo contrario de la luz
cuando huyen las sombras
al borde del abismo cruel
del desatino
soy un acorde mudo
deshabitado de ilusiones
un sentimiento solitario
ausente de suspiros
soy una fruta pisada
que no rinde vino
una hoja desintegrada
con las venas secas
desiertas de savia
un nido despoblado
donde sólo quedan plumones sucios
soy la tinta derramada
en páginas omitidas
la idea escurridiza
que huyó a otro universo
paralelo
enrarecido
soy la felicidad huidiza
entre momentos fugaces
de alegría plena
concentrados en un solo punto conceptual
que se desvanece
soy una enorme nube blanca
hecha de agua clara
que por miedo a convertirse en aire
no desea derramarse
aún
soy un corazón fantasma
desocupado de tristezas
incluso ellas me abandonaron…
soy la ausencia de la muerte
en la vida que dreno
instante a infinito
la falta de paz
que me quema sin aire
en el ojo de la tormenta
soy el gentilicio magullado
de mi tierra bella
huérfana de unidad
descargada de ilusiones
expulsada del paraíso
el espíritu apagado
de quien, por momentos
se cansa de luchar
soy semblanza del presente que no existe
todos los sentidos reunidos en un cuerpo
el aliento del alma universal
la que no entiende de derrotas
de obstáculos
ni de odio
aquella que, aunque agotada
sopla con paciencia
el último resto de brasas
que sobrevivió a la hecatombe fría
de la enorme nada que quiere devorarlo todo
soy mujer y respiro
destruiré el vacío
una vez más.


©2014 PSR


miércoles, 31 de julio de 2013

SOLA


Sola soy en el tiempo
abrigando recuerdos vivos
que cimientan mi existencia.

Sola estuve y sigo estando
en medio de mil colores cambiantes.
Con besos suaves
acaricio el efímero presente
escondido en la línea
de mi propia silueta.

Sola llegué al mundo
sin percatarme de día ni hora.
Mis veinte sentidos
nacieron en un cuerpo prestado
que, terco
se afana en demostrarse dueño de sí
sabiendo en lo más profundo
que sólo es un soporte
para llenar el concepto de vivir.

Sola siempre entre los demás
una ola de brazos y pechos
han cobijado mi torso a ratos
pero libre, como todo
mi alma agradecida sabe que debe avanzar
que los instantes se perciben en la piel
en la lengua propia
nunca en manos ajenas.

Sola seguiré
yo conmigo
yo hasta el fin.
Nadie puede respirar por mí
ni ocupar el volumen
que llena mis zapatos.
No alquilo los pensamientos de otros
mis aciertos y fracasos
se vuelven parte de mi carapacho
me edifican.

Sola
no soy de nadie
nadie es de mí
el futuro está abierto ante mis ojos
percibo su aroma de madera y flores
el sabor a brisa salada
confiada me adentro en él
sólo yo… sola.


©2013 PSR


miércoles, 3 de abril de 2013

CELESTE



Celeste
es esta parte de ti
que llevo impresa en el tuétano
celestes los instantes que fueron
y siguen siendo
estás conmigo
hablándome quedo
tu mirada es un holograma
que llena mi alma de ondas fragmentadas
en una melodía de colores
ardiendo de alegría
agrisándose en las tristezas
transparentando el súbito vacío
que inunda plena
la desolación.

Celeste es la nobleza
tu legado de lealtad entre iguales
celestes los planes truncados
en sacrificios estoicos
por el bien y lo justo
hacer lo correcto
domando el miedo
mirándolo de frente
atravesándolo.

Ahora
entro a mi propia vida
exploro la caverna que dejó tu ausencia
nunca me dijiste que querías irte
no me avisaste de tu abandono
no te atrevías
no querías angustiarme
aún espero tu despedida
el silencio es celeste…  

Celestes los anhelos
en tu soledad
poblada de personajes expectantes
embudos que ignoran la fuente
una era llena
de necesidades por cubrir
de los demás
sueños que se tocan
sin dejarse atrapar
metas náufragas
cuestión de prioridad
el tiempo es el cordero
desangrado sin remedio
ofrenda ingrata
que empolva el cabello
haciéndolo alambre de púas.

Celeste es la equivocación
de todos
también la tuya
al momento de vivir las normas
absurdas
cuando te cortaban las alas
sin derecho a réplica
celeste es la visión tenue
de una casa desmantelada
con los recuerdos pegados a las paredes
guardados con un cerrojo
sin llave.

Celeste es tu partida
no soy más la niña de alguien
a veces comprendo que no soy nadie más, punto.
El dolor también es celeste.
En medio de mi pena
reúno los restos de aliento
para alzarme en el eco de tu voz
celeste aún es el brillo
que enciende tu sonrisa
en mi vida
celeste es el camino
a seguir
por siempre.


©2013 PSR


miércoles, 20 de febrero de 2013

El espantapájaros




Atardecía. Otro día se acababa en el campo. La calma reinaba al ponerse el sol suavemente en el horizonte tenue de principios de primavera. Todos regresaban a sus casas, a sus establos, a sus madrigueras. Todos se disponían a descansar junto a los suyos. Todos, menos el espantapájaros.

Siempre había sido así; a nadie se le hubiera ocurrido que fuese de otro modo. Pero esa tarde, algo se notaba distinto en el ambiente. Después de tanto tiempo, el espantapájaros se dio cuenta por primera vez de su existencia.

Comenzó a verse a sí mismo como un ser independiente de su entorno. Hasta ese momento se había sentido como un artefacto más de la granja, haciendo su trabajo rutinario, inmóvil, con los brazos extendidos lado a lado, los ojos apuntando siempre en la misma dirección y los pies enterrados en el suelo del campo. Le parecía normal ser tan sólo una parte del mobiliario, de las instalaciones agrícolas de la región. Sin embargo, un no sé qué lo sacó de su letargo de estatua utilitaria y al fin sintió. De pronto, aquella tierra fértil que hasta entonces lo sostenía, ahora lo aprisionaba. El viento que solía arrullarlo hasta dejarlo dormido, ahora lo helaba por dentro. Y la noche que antes le brindaba paz para descansar del trabajo diario, ahora lo hacía percatarse de su inmensa soledad.

Así pasó el tiempo, aumentando cada día la tristeza del espantapájaros. No comprendía por qué estaba solo, si era tan bueno en su labor y siempre cumplía con su deber cabalmente. ¿Por qué nadie querría ser su amigo?

Entonces, una noche de verano, al ver el rostro pétreo de la luna saliendo enorme por el este, el espantapájaros juntó todas sus fuerzas y logró zafarse de su grillete de arcilla y humus, un pie a la vez. Para evitar que lo reconocieran, se quitó las ropas. Caminó por los sembradíos buscando a alguien, a cualquiera, pero fue inútil. El campo estaba desierto.

Siguió avanzando hasta llegar al borde del bosque. Con los brazos caídos igual que su ánimo, se sintió más solo que nunca y deseó con todas las fuerzas pertenecer a una familia; no importaba a cuál. Anhelaba ser un miembro vivo e importante de un grupo; necesitaba sentirse orgulloso de su existencia y no quería que ningún ser le tuviera miedo.

Cansado, arrastró los pies por el bosque oscuro en busca de refugio y abrigo. En un claro, vio los enormes abetos que tocaban las estrellas con sus ramas y se emocionó profundamente. Mientras más los detallaba, más se maravillaba. Una desconocida sensación lo llenaba de paz. De pronto, para su propio asombro y sin querer evitarlo, sus brazos comenzaron a levantarse de nuevo, llenándose de una extraña energía. Los pies cansados se proyectaron hacia abajo, perforando el suelo del bosque, y aquel cuerpo de heno se fue fortaleciendo en una gruesa corteza parda de la cual nacía musgo verdiblanco. La felicidad lo embargó cuando de los brazos, pecho y cabeza brotaron ramas con hojas.

Amanecía. Las aves del bosque revoloteaban entre el follaje, posándose alegres sobre el nuevo gran abeto. Buscaban alimento y lugar para construir sus nidos. Había un rumor extático en el ambiente. Y en su interior, él sonreía.


©2013 PSR


"El espantapájaros" aparece en A la sombra del mango por Patricia Schaefer Röder 
Ediciones Scriba NYC 2019 
ISBN 9781732676756 

Mención de Honor en los ILBA 2020 
 



miércoles, 20 de junio de 2012

AQUELLA GOTA...



“…Aún puedo ir a la piscina a nadar un poco. Me hace falta sentir el abrazo del agua, aunque sólo sea esta versión clorada. El contacto con el agua es sensual, íntimo y energizante a la vez. Me hace recordar que estoy viva; revelando la esencia de mi persona.

Llego a la piscina. Hoy es toda para mí. Alisto una silla de extensión con una toalla y la arrimo hacia la sombra. Hace calor pero hay una agradable brisa que sopla entre las palmeras. Me siento cómodamente y respiro profundo, cerrando los ojos. Poco a poco me voy relajando; mi mente se va quedando en blanco con cada bocanada de aire que se escapa.

Unos minutos después entro al agua. Está perfecta; cálida y amable. Me dejo recibir por su manto al tiempo que yo misma lo recibo, dejándome llevar por la falta de gravedad, elevándome, flotando junto a las nubes que me cubren ligera.

La relación entre el agua y mi piel es de atracción y necesidad perennes. Lo veo una y otra vez al sumergir la mano en el agua. Mi piel estalla en mil sensaciones cuando me arropo en la seguridad poderosa que me brinda ese elemento primordial. Al fin me siento libre, dueña del momento. Aquí, acompañada de mi soledad, me reencuentro con la gota que se queda fija en el dorso de mi mano cuando la saco del agua. Siempre en el mismo lugar, esa pequeña gota ovalada brilla al sol, reventando infinitos arco iris en su superficie. Lisa, limpia, prístina. Una fracción de agua que no quiere dejarme ir, empeñada en quedarse hasta que el calor de mi cuerpo la desintegra, liberándola en el aire. Mi piel la recibe sedienta de compañía y juega con ella mientras se funde en su caricia, para luego confiarle mis dudas indecibles y mis sueños más secretos. Es fiel, aparece invariablemente en el mismo punto sin importar cuántas veces o cuán seguido sumerja la mano en el agua. Una perla viva que respira junto a mí, cargándose de energía para luego pasar a otro estado más elevado. ¡Cómo quisiera convertirme en gota y moverme a mi gusto entre el agua y el cielo, formando yo sola un abanico de color sin nada que me lo impida! O cayendo estrepitosa desde una enorme y pesada nube negra sobre un campo de maíz en flor. O tal vez entrando como brisa húmeda en el cuerpo de esa mujer que se sienta a soñar en una silla de extensión en la piscina, hoy que no pudo ir a ver el mar.

Pero esa gota leal también me transmite una sensación de inmovilidad; de que todo se queda igual. Me aterra pensar que la gota sea premonitoria y que mi vida se estanque, pegada a alguien que no se percata realmente de mi presencia. Es cierto, quisiera que muchas cosas buenas no cambiaran nunca; que no se acabara la amistad, la salud ni la vida. Que conserváramos la alegría y la energía de la juventud, y que pudiéramos seguir creando indefinidamente. Pero sé que los cambios son necesarios para el desarrollo y la madurez. Lo estoy sintiendo ahora en carne propia; el imperativo de definir mi existencia”.


©2007 PSR
Fragmento tomado de un trabajo en proceso

miércoles, 2 de mayo de 2012

G R A C I A S



Gala divina
privilegio hermoso
tener su amistad.

Ríos de dolor
con su ayuda reencaucé
al delta final.

Abrieron brazos
corazones y manos
para apoyarme.

Cuántas sonrisas
en el rostro cansado
me dibujaron…

Impulsos grandes
mi vida apuntalaron
con frases y hechos.

A todos quienes
me dieron su ánimo
les debo mi paz.

Sola no estoy
lo sé, siempre lo supe
…gracias de nuevo.


©2012 PSR


miércoles, 22 de febrero de 2012

M I E D O


Muchos motivos
te congelan en horror
mellando tu alma.

Inmóvil rehén
tu corazón es burla
para el terror.

Ese pánico
al dolor en soledad
muere con la paz.

Donde hay temor
la verdad te libera
desde adentro.

Once mil miedos
nunca podrán doblegar
a tu espíritu.



©2012 PSR

miércoles, 14 de septiembre de 2011

T R I S T E Z A

Tanto que soñar
cosas maravillosas
inalcanzables…

Ronda mi alma
íngrima, solitaria
vagando inerte.

Ida por vuelta
felicidad, tristeza
dos caras juntas.

Siempre al frente
arrastrando la vida
¿qué más me queda?

Tengo miedo, sí
el camino es largo
sombrío, frío.

En medio del ser
la delicada llama
se niega a morir…

Zarpa mi nave
horizonte abierto
velas al viento.

Abro los brazos
llega la felicidad
para no irse más.


©2011 PSR