LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

¡Atrévete! Disfruta y regala libros originales: 'A la sombra del mango'; relatos breves, Premio ILBA. 'Yara y otras historias'; 34 relatos, 34 sorpresas. 'Divina: la mujer en veinte voces'; antología latinoamericana de cuentos, Premio ILBA. 'Andares'; cuentos de viajes. 'Siglema 575: poesía minimalista'; una nueva manera de vivir la poesía. 'Di lo que quieres decir: Antología de siglemas 575'; resultados de los Certámenes Internacionales de Siglema 575, Premio ILBA. 'Marina con almendrones'; relata la amistad entre Armando Reverón y Vincent van Gogh, Premio ILBA. 'El mundo oculto', novela de Shamim Sarif traducida por Patricia Schaefer Röder. 'Por la ruta escarlata' y 'Mi dulce curiosidad', novelas de Amanda Hale traducidas por Patricia Schaefer Röder, ganadoras de Premios en Traducción en los International Latino Book Awards. A la venta en amazon.com y librerías.
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miércoles, 27 de noviembre de 2013

M I S E R I A


Mil maldiciones
de ignorancia y mezquindad
nos vuelven ciegos.

Insignes jefes
traicionaron al pueblo
deshonrándolo.
 
Somos hermanos
que crueles se destrozan
entre migajas.

Estrellas, soles
sirven para someter
encerrar, matar.

Ruin es el alma
del que esclaviza a otro
sin mostrar piedad.

Interesados
sólo en su bienestar
son los más vivos.

Acto inmediato:
¡luchemos por nuestro honor
hasta el final!


©2013 PSR


SIGLEMA 575

Un siglema 575 es un poema que se escribe en base a las letras de la palabra o palabras que definen su tema y que constituyen su título. El tema es libre y las palabras que lo definen forman el título, el cual queda representado como una especie de acrónimo, con las siglas separadas entre ellas por un espacio. Cada estrofa posee tres versos, de los cuales la primera palabra del primero debe comenzar con la letra correspondiente a la sigla que le toca. La métrica es 5-7-5, con rima libre. Por su naturaleza acrónima, las estrofas deben poder funcionar independientemente como un poema autónomo, y en conjunto, como parte de un poema de varias estrofas que gire alrededor del mismo tema. En un siglema 575 hay tantas estrofas como letras posea el título.

© Patricia Schaefer Röder, 15 de agosto de 2011.


miércoles, 17 de octubre de 2012

REVELACIÓN



Era su derecho, pero también su deber. Así se lo habían dicho, desde que tenía memoria. Creció sabiéndose parte de un sistema un tanto curioso, pero que parecía funcionar. Cada cierto tiempo, un carnaval frenético protagonizado por figuras circenses destruía su tranquilidad, invadiendo todos los aspectos de su vida y la de los demás, empujándolos inexorablemente a protagonizar aquel rito que tanto conocían. Una y otra vez se repetía la misma historia; el espectáculo se desarrollaba con mayor o menor júbilo para terminar invariablemente igual. No había sorpresas, de antemano se sabía cómo sería el desenlace. Y sin embargo, la inercia le empujaba a participar una vez más. Como siempre, se levantó temprano. Se alistó, desayunó bien y salió a cumplir con su deber. Con su derecho. Llegando al lugar —que, como de costumbre, estaba fuertemente custodiado— encontró a otros que habían llegado un tanto antes y tomó su lugar en la fila. Manteniendo silencio, escuchaba a los demás charlar un poco en voz baja por la intimidación que se respiraba en el ambiente. Eso tampoco cambiaba. Verificó sus datos, buscó su nombre en la lista, dejó su impresión dactilar y firmó, como le tocaba hacerlo cada vez. Le dieron una tarjeta grande y multicolor, junto con un marcador indeleble “para que se expresara con seguridad y confianza”. Ejercería su derecho a través de su deber. Así, llegado el momento, pasó detrás de unos cartones verticales colocados sobre una mesita y como tantas otras veces, hizo la marca que ya conocía de memoria. Todo era igual que siempre. Absolutamente. Dobló la tarjeta por la mitad, luego de nuevo y una vez más, como lo había hecho tantas veces antes. Ahora le tocaba llevarla a su destino final, una caja cuadrada de cartón en el centro de la sala. Algunos miraban, otros no. Entonces lo vio todo claro. Después de tantos años, al fin comprendió. Su deber era serle fiel a su derecho. Respiró profundamente, dio unos pasos y, sin titubear, introdujo el papel doblado en el contenedor preciso que siempre lo había esperado: la papelera.


©2012 PSR