LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

¡Atrévete! Disfruta y regala libros originales: 'A la sombra del mango'; relatos breves, Premio ILBA. 'Yara y otras historias'; 34 relatos, 34 sorpresas. 'Divina: la mujer en veinte voces'; antología latinoamericana de cuentos, Premio ILBA. 'Andares'; cuentos de viajes. 'Siglema 575: poesía minimalista'; una nueva manera de vivir la poesía. 'Di lo que quieres decir: Antología de siglemas 575'; resultados de los Certámenes Internacionales de Siglema 575, Premio ILBA. 'Marina con almendrones'; relata la amistad entre Armando Reverón y Vincent van Gogh, Premio ILBA. 'El mundo oculto', novela de Shamim Sarif traducida por Patricia Schaefer Röder. 'Por la ruta escarlata' y 'Mi dulce curiosidad', novelas de Amanda Hale traducidas por Patricia Schaefer Röder, ganadoras de Premios en Traducción en los International Latino Book Awards. A la venta en amazon.com y librerías.
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miércoles, 29 de enero de 2014

PROYECCIÓN...


“…Intento recordar el día de ayer. ¿Qué pudo haber ocurrido para que yo esté tan agotado hoy? Como todos los días, me levanté temprano para ocuparme de Sañoso e ir a trabajar. Entré a la cocina abriendo la puerta con el pie. Justo en ese instante salió una maldita cucaracha de debajo del gabinete, y la pisé con el otro pie, el derecho. La pisé con tanto odio y con tanta violencia que se le salieron las tripas, quedando desparramadas por un trecho de suelo cerca del mueble. ¡Cómo odio a las cucarachas! No soporto pensar en su existencia sucia, casi rastrera, metiéndose entre la basura, entre los huecos sucios y malolientes, entre los escombros oscuros, entre los gabinetes de mi cocina. No sé si odio más a las cucarachas o a las ratas, lo cierto es que estoy seguro de que esta cucaracha no vivió después de nuestro encuentro. La maté con odio, la maté con un placer sádico de ver las tripas saliéndose de su cuerpo acorazado. Cómo las detesto; no puedo pensar que sean siquiera seres vivos, a los que generalmente respeto tan sólo por el hecho de que viven. No. Con las cucarachas no me pasa eso, no siento el más mínimo respeto por su inmundo ser. Además, transmiten enfermedades. Hay gente que dice que las cucarachas son tan limpias o sucias como sea la casa de uno, pero, ¿y qué pasa con las que entran desde la calle? Además, aunque la casa esté limpia, si la cucaracha se cría en un basurero ¿cómo va a ser limpia? Es imposible. No, las cucarachas son sucias y esa es la realidad. No creo que haya un ser más bajo que ellas, y sin embargo, si hay algún cataclismo, las cucarachas son las únicas que lograrían sobrevivir. ¿Será que en el fondo les tengo envidia? ¿Será que yo también desearía poder sobrevivir a un cataclismo? No lo sé, no puedo estar seguro de eso. Sólo sé que las cucarachas son asquerosas y nada más. Nunca he podido verlas de otro modo, ha sido así desde que era niño. Apenas las veía, corría en dirección opuesta, preso de un frío que me bajaba desde la nuca hasta el coxis, erizándome la piel en una manifestación del más puro terror y asco que se puede sentir ante cualquier estímulo. Pero ahora, la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar…”. 
 
  
Fragmento de "De mañana" ©2006 PSR 
"De mañana" aparece en la antología Yara y otras historias, de Patricia Schaefer Röder.
Ediciones Scriba NYC 
ISBN 978-0-9845727-0-0

 

miércoles, 28 de julio de 2010

COCINA

Completamente consciente, Clara contemplaba con cruda crispación cómo Carla conocía compromisos culturales culinarios. Creyéndose crédula, Carolina cocía con condimentos celestiales, cultivados contracorriente como cuerpos conspicuos. Ceremonioso, cacique César comía contento cuanto cocinaban con cuidado, con carnes, caballas, crustáceos, cremas, compotas, cítricos, castañas, cerezas, calabacines, cebollas, cilantrillo, cúrcuma, colines, cacao, cerveza, café… Contra colosales cajas cuadradas, Carlos cernía cien cereales completos con cautela ceremonial. Cecilia consumía celosa, concentrada, cuanta cosa comestible conseguía; certera, capaz, contumaz. Consultó Carmen, curiosa: “¿Cuánta cosecha compraron con cuatrocientos centavos?”. Cleto contestó: “¡Cinco!”. Cansada, Claudia cerró caja, contando cualquier comensal cebado, curtido. Corina claudicó con coraje comprobando cómo, casualmente, Clara componía cuentos ciegos con canciones cutres clandestinas. Cuando clamaban clero, cinco caballeros cubrieron con cueros callos, calvas, cicatrices, cabello. “¡Cocinemos, compañeros!” coincidieron concomitantes, congratulándose, confabulándose. Como correctivo, coronaron corpóreamente cerdos colorados, corredores, cojos, con cuchillos, cucharas, condimentos, coincidiendo compulsivamente con ciertos cubiertos corroídos. Con completa certeza cogieron cabras, cazuelas, cacerolas, consomé, cuidando cortar cabezas, colas cabalmente. Calamitosos, calcularon calderas candentes con calentadores calificados, calibrados. Criada célebre, calmosa, Calixta calzaba canesú, cofia, cubriendo concienzuda cuerpo, cuello, cabeza, cuando con clamor cándido, Cristóbal cantaba cautivadoramente cazando cangrejos con conchas celestes. Calixta chanceó contenta. Camarera, camarero, contaron casi cien carbones, candelabros caros, canastas, colocando cuanto cabía con carencias. Con cachetes color carmín, Carla cargaba chanchos cuestionables, ciegos, cebones, carnavalescos, carnosos, castigados; cacos confesos con cortadas coaguladas, culatazos craneales contundentes. Cuando Cleto compró cuarenta crías, Carlos consiguió cajones cuadriculados con cuantiosas celdas ceñidas, cuales cuerpos consolidados. “¡Cleto! ¡Coloca cinco crías con cuidado, caramba!” chilló Carla, caminando cuesta corta con culinaria culpa. Consumiendo chocolate caliente, caramelo, contraída, cumplida, consciente, Clara continuaba contemplando cíclicamente con crecida conmoción cómo Carla comunicaba conocidas confidencias culinarias con colmado cariño característico; consecuente, completamente consumado, cabalmente cursi…


© 2010 PSR