Artículo escrito por la poeta María Elena Urrunaga para la revista Voces de Lima, oct-nov 2013
EL AGUA NOS DA VIDA, NOS CALMA, NOS NUTRE, NOS ENVUELVE, NOS PURIFICA Y NOS LIBERA ...Y A VECES CAE SOBRE NOSOTROS COMO GOTAS DE SOL Y LUNA
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domingo, 21 de septiembre de 2014
"Yara y otras historias" en la revista Voces de Lima
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miércoles, 16 de julio de 2014
GAY
Galantes, Andrés y Guillermo andaban ya
gustosos atravesando yagrumos gigantes. Antes yoístas, gritaron arrebatados “¡Yo,
Guillermo, álzome y grito al yugo generalizado, atroz y grosero, al yunque grotesco,
aplastante y garrafal: Amo y guardo admiración y gentilezas al yumbo garzo,
Andrés!”. Y gratamente, Andrés, yaciendo gracioso ante yataganes grises, abrazó
yaros grandes, aminorando yacturas genéticas, abriendo yemas galactitas armiñas.
“¡Ya Guillermo, amigo y general amado; yantemos ganosos, ávidos y golosos, ante
yucatecos garbos!”. Ahora, ya girado, Andrés yuxtapuso garabatosos amarillentos
yuyos geométricos, ansiando yunciones grandes, alardeando yerros gnósticos, arbitrarios.
Y ganaron, Andrés y Guillermo, almas y gloria amplia y genuina. Apartaron yardas
granitas, ancianas, yermas, gratificándose alegremente y generando amistades
yanaconas, gestadas amplia y genialmente. Altivos y gallardos, ayudáronse
yuntando grava, algas y gasas al yurumo gemelo, antepuesto y grande. Andrés ya
galopó a Yaracuy, garroteando a yeguas gordas. ¡Ay, yaguar, Guillermo arrió
yacarés! Gauchos andinos y greñudos, antes yernos gasajosos, ahora ya graban armas
y guantes artilleros. Y guastadas atrás y guindadas, ambas yerbas, granadilla amarilla
y girasol, añadieron y germinaron. Anochecía y Guillermo, Andrés, ya gozaban arrobados
yeguando gozosos, aplaudiendo y gentilizando al yang; golpeando al yerbal,
golondros ambiciosos, yoístas…
©2013 PSR
TAUTOSIGLAMA
Un tautosiglama es un tautograma compuesto en el que las palabras que lo constituyen comienzan con las letras del título escrito en forma de siglas, en el mismo orden que llevan. El título del tautosiglama representa el tema que se desarrolla en el texto. Por su naturaleza acrónima, el título queda escrito en mayúsculas.
© Patricia Schaefer Röder, 8 de mayo de
2011
miércoles, 21 de agosto de 2013
YARACUY
"...Caminé. Caminé sin parar por
horas, y de pronto la vi a lo lejos. Una mano enorme que salía erguida de la
tierra. Era una mano vieja a la que le habían amputado el pulgar. A pesar de
esto, los demás dedos subían enérgicos señalando el cielo, dirigiéndose seguros
y fuertes hacia el azul intenso e infinito. En la base, la muñeca mostraba el
paso del tiempo reflejado en los profundos surcos de la corteza que quería
descascararse pero aún no había encontrado el momento oportuno. El muñón del
pulgar estaba astillado y oscuro, mostrando la cicatriz de una herida mal
sanada. Sobre la palma cóncava alguna vez se dieron cita distintas semillas de
orquídeas y helechos, que luego abrieron paso a enormes plantas, minúsculas sin
embargo, en comparación con la gigantesca mano noble que les daba apoyo,
abrigo, sustento. Tronco y ramas surcados por un sinfín de estrías diferentes
que los recorrían en todas direcciones. La copa de esta maravilla se extendía
generosa y abierta para cobijar toda clase de insectos, ranas, pájaros,
lagartijas y pequeños ratoncitos de monte. Era una cornucopia vibrante, noble y
silente; llena de vida que la hacía palpitar, clavada inevitablemente en la
tierra. El viento que pasaba entre las hojas arrullaba el paisaje verde
intenso, moviendo el calor de un lado a otro, envolviendo en su rumor a toda la
mano y lo que contenía, calmando el grito excitado de pájaros, ranas y grillos.
Al fin llegué, envuelta en la cálida luz de la mañana. Había visto la mano miles de veces en mis sueños ya desteñidos y tuve la fuerte necesidad de conocerla de cerca; de sentirla, de abrazarme a ella; de palpar una a una todas las irregularidades de su tronco. Quise oler el musgo que la cubre por tramos y mojarme con el rocío guardado debajo de los helechos. Curiosa, probé el néctar silvestre y dulce de las orquídeas. Necesitaba escuchar el concierto desenfrenado de los animales que buscan pareja para entender mi propio llamado inquietante y dejarlo salir del vacío en que se ahogaba; del vacío que yo misma sobrevivía a duras penas. Me propuse llenar mis pupilas de todas las formas que me rodeaban; de todos los tonos de verde existentes, de los pardos, de los amarillos. De todos los colores del arco iris, intensos, que están de fiesta perenne en esa mano viva. Mi alma se ensanchó más y más, rompiendo una a una todas las costuras que la encerraban y dejando en libertad al espíritu femenino que hasta ese instante no había aprendido a volar...".
Fragmento de "Yara" ©2006 PSR
"Yara" aparece en la antología Yara y otras historias, de Patricia Schaefer Röder.
Al fin llegué, envuelta en la cálida luz de la mañana. Había visto la mano miles de veces en mis sueños ya desteñidos y tuve la fuerte necesidad de conocerla de cerca; de sentirla, de abrazarme a ella; de palpar una a una todas las irregularidades de su tronco. Quise oler el musgo que la cubre por tramos y mojarme con el rocío guardado debajo de los helechos. Curiosa, probé el néctar silvestre y dulce de las orquídeas. Necesitaba escuchar el concierto desenfrenado de los animales que buscan pareja para entender mi propio llamado inquietante y dejarlo salir del vacío en que se ahogaba; del vacío que yo misma sobrevivía a duras penas. Me propuse llenar mis pupilas de todas las formas que me rodeaban; de todos los tonos de verde existentes, de los pardos, de los amarillos. De todos los colores del arco iris, intensos, que están de fiesta perenne en esa mano viva. Mi alma se ensanchó más y más, rompiendo una a una todas las costuras que la encerraban y dejando en libertad al espíritu femenino que hasta ese instante no había aprendido a volar...".
Fragmento de "Yara" ©2006 PSR
"Yara" aparece en la antología Yara y otras historias, de Patricia Schaefer Röder.
Ediciones Scriba NYC
ISBN 978-0-9845727-0-0
ISBN 978-0-9845727-0-0
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