LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

¡Atrévete! Disfruta y regala libros originales: 'A la sombra del mango'; relatos breves, Premio ILBA. 'Yara y otras historias'; 34 relatos, 34 sorpresas. 'Divina: la mujer en veinte voces'; antología latinoamericana de cuentos, Premio ILBA. 'Andares'; cuentos de viajes. 'Siglema 575: poesía minimalista'; una nueva manera de vivir la poesía. 'Di lo que quieres decir: Antología de siglemas 575'; resultados de los Certámenes Internacionales de Siglema 575, Premio ILBA. 'Marina con almendrones'; relata la amistad entre Armando Reverón y Vincent van Gogh, Premio ILBA. 'El mundo oculto', novela de Shamim Sarif traducida por Patricia Schaefer Röder. 'Por la ruta escarlata' y 'Mi dulce curiosidad', novelas de Amanda Hale traducidas por Patricia Schaefer Röder, ganadoras de Premios en Traducción en los International Latino Book Awards. A la venta en amazon.com y librerías.
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miércoles, 24 de diciembre de 2014

P A Z (III)


Premio de vida
escondida y abierta
te encuentra mi alma.

Ansiosa bebo
tu brisa en acordes
tranquilízame.

Zurrón de nube
me das el gran arco iris
que me sosiega.


©2014 PSR

miércoles, 29 de octubre de 2014

5 MICRORRELATOS (VIII)



CONTUNDENCIA

Al amargado sólo le gustó un chiste en toda su vida. Cuando se lo contaron, murió de risa.



SERVICIO POSTAL

El sobre con las malas noticias nunca llegó a su destino. Y así, todos vivieron felices por siempre.



TESORO

Cuando llegó al final del arco iris, descubrió toda la vida concentrada en cada gota de lluvia.



ELECCIONES

Una vez más, al terminar las jornadas electorales, la cuadrilla del aseo se encargó de disponer de las urnas.



DESTINO

Al fin, la cabeza había logrado convencer a las piernas de no saltar al vacío. Entonces, el corazón se emocionó tanto, que se salió del pecho.



©2014 PSR


miércoles, 25 de diciembre de 2013

P A Z (II)


Plenitud total
desborda nuestras almas
arco iris sin fin.

Abres las vidas
trayendo armonía
dulce perfume.  

Zarabandas, mil
llenan los corazones
que parten su pan.


©2013


miércoles, 24 de abril de 2013

TEMPORAL (...todo en la vida lo es)

Despierto de golpe, con el corazón en la boca y bañada en sudor. ¿Qué me pasa? Bebo un gran sorbo de agua. Mi piel empapada se seca despacio bajo una fina escarcha salada, dejando en el lecho el mapa de mi cuerpo. Tengo frío; lo único que me cubre es un lienzo de hilo. No suelo necesitar más; las noches aquí son cálidas y el contacto directo del yo vulnerable con las sábanas me consiente en una sensualidad liberadora. Pero hoy es diferente; el aire se siente pesado y gélido.

La luna blanca y redonda entrando por la ventana tampoco me ayuda a encontrar la paz. Los coquíes, que normalmente me acunan en un delicioso sueño con su canto amoroso, hoy parecen más exaltados que nunca. Las sombras de las palmeras agitadas en la pared de mi habitación y el barrido de las ramas sobre los muros de la casa me dicen que se avecina una borrasca. En un acto premonitorio, el perro ladra y entra por el acceso de la cocina.

Entonces, sucede. El cielo cae con todo su peso sobre el mundo que encuentra a su paso, subyugándolo, envolviéndolo en un manto líquido, grueso y limpio. Las enormes gotas chocan contundentes contra árboles, techos, paredes, suelo. Contra el espíritu atrapado en la armadura aquella. Contra el alma que teme marchitarse. El viento sopla cada vez con más fuerza, como queriendo arrasar la rutina acumulada en mil años de una existencia corriente. Agua, viento. Más agua. Más viento. Las ventanas se comban, estremeciéndose ante la presión de las ráfagas que se vuelven casi continuas e impredecibles en la penumbra. Los vidrios parecen de goma, tan elásticos resultaron ser. El golpeteo creciente de la lluvia se mezcla con el atropello de las plantas, zarandeadas en todas direcciones por rachas enloquecidas que parecieran buscar una salida en medio de lo abierto. El agua se escurre brillante por techos, muros y ventanas. Por árboles, palmeras y trinitarias. Por los objetos que forman parte de mi vida y la de mi familia, que se quedaron a la intemperie, indefensos, aquella noche que no debía llover. Por las pendientes del jardín y el patio. Por mi mente, que no quiere darme un respiro. Como tantas otras cosas en la vida, lo que comenzó como un concierto grandioso, se transformó en un ruido asonante; una manifestación iracunda de la hostilidad de Huracán, el Dios del Mal en el Caribe, en su insistente afán de arrasar con lo que no le pertenece.

Así, con tanta furia contenida en su naturaleza, va destrozando sin clemencia cuanto descubre a su paso. Árboles, postes de luz, cosechas, casas, industrias. Todo cae. Al desmoronarse el mundo, los restos quedan esparcidos en un gran charco universal, reducidos a su mínima expresión. El pánico se apodera de quienes no estaban preparados para tal suceso, pero en medio del desastre, reciben el apoyo de desconocidos que les tienden la mano.

Al fin, después de un tiempo que parece interminable, el estruendo se debilita. El viento cede. El agua cesa. Una vez más, el infierno resultó ser momentáneo. Poco a poco sobreviene la calma, con la esperanza que trae la nueva mañana. La experiencia me dice que el arco iris está a punto de aparecer. Volveremos a edificar nuestras vidas, lo sé. Mientras tanto, nos ayudaremos como hermanos, recogiendo los escombros para allanar el camino al futuro.   

miércoles, 14 de noviembre de 2012

AYUDA

Al primer grito
del hermano querido
reaccionamos.

Yermos los campos
terremoto y huracán
quieren destruirnos.

Un día a la vez
sobre ruinas y escombros
caminaremos.

Donde hubo llanto
brillará un gran arco iris
paz y esperanza.

Almas al viento
corazones abiertos
apoyo mutuo.



©2012 PSR



miércoles, 20 de junio de 2012

AQUELLA GOTA...



“…Aún puedo ir a la piscina a nadar un poco. Me hace falta sentir el abrazo del agua, aunque sólo sea esta versión clorada. El contacto con el agua es sensual, íntimo y energizante a la vez. Me hace recordar que estoy viva; revelando la esencia de mi persona.

Llego a la piscina. Hoy es toda para mí. Alisto una silla de extensión con una toalla y la arrimo hacia la sombra. Hace calor pero hay una agradable brisa que sopla entre las palmeras. Me siento cómodamente y respiro profundo, cerrando los ojos. Poco a poco me voy relajando; mi mente se va quedando en blanco con cada bocanada de aire que se escapa.

Unos minutos después entro al agua. Está perfecta; cálida y amable. Me dejo recibir por su manto al tiempo que yo misma lo recibo, dejándome llevar por la falta de gravedad, elevándome, flotando junto a las nubes que me cubren ligera.

La relación entre el agua y mi piel es de atracción y necesidad perennes. Lo veo una y otra vez al sumergir la mano en el agua. Mi piel estalla en mil sensaciones cuando me arropo en la seguridad poderosa que me brinda ese elemento primordial. Al fin me siento libre, dueña del momento. Aquí, acompañada de mi soledad, me reencuentro con la gota que se queda fija en el dorso de mi mano cuando la saco del agua. Siempre en el mismo lugar, esa pequeña gota ovalada brilla al sol, reventando infinitos arco iris en su superficie. Lisa, limpia, prístina. Una fracción de agua que no quiere dejarme ir, empeñada en quedarse hasta que el calor de mi cuerpo la desintegra, liberándola en el aire. Mi piel la recibe sedienta de compañía y juega con ella mientras se funde en su caricia, para luego confiarle mis dudas indecibles y mis sueños más secretos. Es fiel, aparece invariablemente en el mismo punto sin importar cuántas veces o cuán seguido sumerja la mano en el agua. Una perla viva que respira junto a mí, cargándose de energía para luego pasar a otro estado más elevado. ¡Cómo quisiera convertirme en gota y moverme a mi gusto entre el agua y el cielo, formando yo sola un abanico de color sin nada que me lo impida! O cayendo estrepitosa desde una enorme y pesada nube negra sobre un campo de maíz en flor. O tal vez entrando como brisa húmeda en el cuerpo de esa mujer que se sienta a soñar en una silla de extensión en la piscina, hoy que no pudo ir a ver el mar.

Pero esa gota leal también me transmite una sensación de inmovilidad; de que todo se queda igual. Me aterra pensar que la gota sea premonitoria y que mi vida se estanque, pegada a alguien que no se percata realmente de mi presencia. Es cierto, quisiera que muchas cosas buenas no cambiaran nunca; que no se acabara la amistad, la salud ni la vida. Que conserváramos la alegría y la energía de la juventud, y que pudiéramos seguir creando indefinidamente. Pero sé que los cambios son necesarios para el desarrollo y la madurez. Lo estoy sintiendo ahora en carne propia; el imperativo de definir mi existencia”.


©2007 PSR
Fragmento tomado de un trabajo en proceso

miércoles, 25 de mayo de 2011

PAZ


Buscando la paz, encontré los árboles de mi ciudad totalmente desbordados de delicadas y perfectas flores en primavera, estallando todos en mil colores al mismo tiempo. Entre la locura del tráfico pude oír a las aves cantar y vi a una pareja de guacamayas haciendo piruetas en el cielo azul. Sentí el calor del sol caribeño sobre mi piel y luego me envolvió la noche fresca adornada de un manto de estrellas. Otro día se presentó ante mí un magnífico arco iris en medio del gris que se deshacía encima de mi persona. Sonreí de dicha ante el simple hecho de poder caminar descalza por la playa y disfrutar de un paseo por el bosque. Respiré profundo al recordar que tengo una hermosa familia, que contamos con un techo, que no pasamos frío ni nos falta el pan, y que tenemos el enorme privilegio de recibir una buena educación en un país libre y democrático. Me percaté de lo bello que es tener metas e ilusiones y poder soñar bonito con mi propia realidad; de lo liberadora que resulta una risa espontánea, sincera, y de cuánto puede iluminar una mirada limpia. Al estar feliz consigo mismo, no hay nada de qué preocuparse, no existen las posesiones, se lleva el corazón y el alma desnudos, no es necesario pedir perdón, no hay que decir nada, la expresión es plena, los ojos se cierran plácidos… Entonces, en medio de mi propia vida, entendí que encontramos la paz cuando nos damos cuenta de que no necesitamos de nada ni de nadie más. 


©2011 PSR