LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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miércoles, 9 de octubre de 2013

ARTE NOCTURNO

 
…Veo los fuegos artificiales. Me estremezco hasta el tuétano, se me revuelven las emociones y de pronto empiezo a llorar. No puedo evitar maravillarme ante algo tan hermoso creado por la mano humana. Pienso que si somos capaces de fabricarlo, si somos sensibles para soñar, inventar y diseñar obras de arte tan sublimes, ¿por qué nos empeñamos en destruir el mundo, en lugar de llenarlo de cosas bellas? Busco los barcos en la oscura lejanía del río. Desde aquellas pequeñas plataformas espaciales improvisadas despegan los cohetes que pintan de luz y color la bóveda tiznada. Mis ojos me permiten colarme entre los cordones de seguridad y llegar al barco que está más al norte. Como una temeraria acróbata de circo, me sujeto a un cohete grande que está a punto de despegar. La mecha se va quemando y de pronto subimos a una velocidad loca, hacia el lienzo plomizo donde sucede la gigantesca función. Nos elevamos cada vez más y justamente antes de estallar en todo su esplendor, suelto el vehículo que me liberó de la gravedad. Al fin llegué. Me extasío viendo esas estrellas a mi alrededor que revientan rojas, blancas, doradas, verdes y violetas, unas dentro de otras, algunas más que se mueven en círculos, o que parecen reptar dibujando ondas en el espacio. Toda esta fiesta hace bailar a mi espíritu como lo hizo aquella madrugada de abril, nueve años atrás, cuando Rafael me besó por primera vez en esa divina salida de campo de la universidad bajo el manto del cometa Halley. Tomo su mano. Me mira y sonrío. Hoy soy yo quien lo besa desde el firmamento lleno de cometas fugaces pero tan reales…


©2013 PSR
Dedicado a Vincent Van Gogh, en agradecimiento por la "Noche estrellada".
Fragmento tomado de un trabajo en proceso


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL MAYOR OBSTÁCULO...

 
"...A pesar de que le tenía confianza como amigo, nunca hubo un intercambio táctil aparte del acostumbrado beso al saludar, y ese “beso” difícilmente se podía considerar como tal. Más bien era una especie de choque de mejillas con un chasquido incorporado; un golpe con sonido bucal automático lanzado al viento. Siempre había cultivado mucho los límites del espacio personal, manteniendo una zona de seguridad entre los demás y yo. Pero con Eric me estaba pasando algo extraño. Quería que me tocara. Anhelaba sentir un roce suyo, aunque fuera sin intención. Necesitaba sortear el obstáculo más grande que me pone mi propio carácter: el infranqueable mito del tacto. ¿Pero cómo? 
 
Me parece curioso que aunque sé que soy una persona emotiva se me hace imposible tocar a la gente. Sin embargo, cuando alguien me toca, el eco de esa sensación táctil reverbera durante largo rato en mí. La temperatura, la presión, la textura y la calidad del estímulo tardan mucho en disolverse en mi piel. ¿Será justamente porque no soy una persona que anda todo el tiempo tocando a los demás, que mi sentido del tacto se encuentra en un estado basal más bajo de lo normal, con menos “ruido” cotidiano que despiste los nuevos estímulos? Es como si mi piel se mantuviese constantemente en una condición casi virginal, impoluta, que la dejara reaccionar con mucha mayor intensidad frente a cualquier provocación que recibe.
 
Quería asolearme un rato. Me puse bronceador por todas las partes del cuerpo a las que llegaba fácilmente y, mientras lo hacía, me di cuenta de que el destino me ayudaba: le pedí a Eric que me pusiera crema en la espalda. Accedió, y por primera vez sentí sus dedos recorriendo mi piel desnuda. Una sensación tibia y profunda invadió todo mi cuerpo, haciendo que buscara instintivamente la silla de extensión para tenderme al sol, dejando que me arropara con su intenso calor. No puedo. No voy a estropear mi relación con Eric, pensé..."
 
  
Fragmento de "Día de playa" ©2006 PSR 
"Día de playa" aparece en la antología Yara y otras historias, de Patricia Schaefer Röder.
Ediciones Scriba NYC 
ISBN 978-0-9845727-0-0 

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"El mayor obstáculo", fragmento de "Día de playa", (incluido en la antología "Yara y otras historias") apareció en la 32 edición de la revista El Faro Editor, correspondiente a octubre de 2013, págs. 4-6.  
 
 

miércoles, 13 de marzo de 2013

P A P Á



Padre querido
días van, días vienen
y estás conmigo.
 
Amigo bueno
entre todos los demás
siempre el primero.
 
Puedo sentirte
en medio de mi vida
oír tu risa.
 
Álzame alto
para besarte dulce
en la mejilla.


©2013 PSR


miércoles, 20 de abril de 2011

ESTRENO

una sola soledad
dividida en dos
se deshace lentamente
respiro a respiro
buscando refugio
en el abrigo elegante
del atardecer tardío.
en el manto plomizo
tachonado de añicos nobles
las almas nuevas
son cristales brillantes
que refulgen
buscando afanosas
sus gemelas
sobre las olas
en su eterno llegar.
noche perfecta
aquella
la primera
amable
cálida
dos corazones nuevos de fábrica
estrenándose
desbocados
en el vaivén de la brisa
salada
húmeda
adornada con el murmullo
del agua espumosa.
tu brazo abarca mis hombros
estrechándome
tu mano busca la mía
explorándola
tu mirada se hunde profundamente
al encontrar mis ojos
hambrientos de ti.
te acercas entre las sombras
susurrando un delicioso silencio
a mi oído ávido
de tu aliento.
insaciable te respiro
conteniendo inquieta
todo músculo
cada vello erizado
congelado
abrasado
desorientado
en medio del mar de leva
de mi sangre revuelta.
tus labios acarician mi rostro
palmo a palmo
dulcemente
descubriendo todo detalle
cada forma
deleitándose en su textura
sintiendo el rubor intranquilo
que impune quema mi piel
partiendo mi boca.
al fin
mis labios ansiosos
reciben a los tuyos
anhelantes.
juntos se derraman
todos los deseos
quebrando uno a uno
los diques del alma
inundándonos enteros
uno en el otro
gota a gota
sin prisa
bautizando
tiernamente
nuestro amor.


©2011 PSR

miércoles, 30 de marzo de 2011

LUNA LLENA

luna curiosa
que me despiertas sin falta
noche a noche
para escuchar mis secretos.
luna que me envuelves toda
en halos plateados
ligeros.
luna desnuda de sombra
dame tu tiempo entero
efímero.
luna traficante de sueños
no escapes
detrás de los árboles
no huyas
por la montaña
luna…
luna serena
quiero contarte
lo que a nadie he dicho.
no te vayas luna
luna mía
luna
quédate un rato más
conmigo
duerme sonriente
en mi regazo
llena de paz
y peinaré tu cabello
con mis dedos.
entonces revelaré
en un susurro quedo
la ilusión más cristalina
limpia
solo para ti.
luna
mi aliento tibio
es caricia sutil
a tu oído
como ala de ángel
roza tu alma radiante
celestina.
luna confidente
ansiosa
atenta
te diré con la mirada
aquel deseo que mis labios
no han sabido pronunciar
…no han podido
nunca.
luna
inútiles mis manos
intentan atrapar
el más escondido anhelo
encubierto por mil miedos
encerrado
anulado.
luna
no encuentro tu beso
en mi piel.
escurridiza
mi pasión
se desvanece
de nuevo
luna
y sigo aquí
incapaz de mostrártela
ni siquiera en el delirio
de tu luz tan plena
o en tu ausencia enorme
llena de oscuras penas.


©2011 PSR

miércoles, 1 de diciembre de 2010

ROMANCE MARINO

Ese tono azul
que vemos sin mirar
entre cielo y mar
separa aves de peces
que volando nadan
nadando vuelan
en una única danza
coreografía perfecta
sin saberlo.

Deja que el canto marino
te alcance desde aquel infinito lejano
cercano…
arrullándote quedo
en su regazo
turquesa nacarado.

Recibe sedienta tu piel
la brisa húmeda
saluda tu pecho
el soplo tibio
siente en tu boca
el alma salada
del océano
envolviéndote
abrazándote
besándote
hasta el fondo.
Extasiada
te dejas seducir
irremediablemente…


©2010 PSR

miércoles, 29 de septiembre de 2010

RITUAL DEL BAÑO

Hay un lugar en la casa donde se pierden las dimensiones y los parámetros. Cada vez que entro en mi baño me sucede algo muy raro. Es como si el mundo cambiara súbitamente; las paredes giran entre el piso y el techo, distorsionando el espacio y torciendo el mobiliario. Me siento insegura y a veces hasta pierdo el equilibrio.

Parece un universo paralelo. Apenas cierro la puerta tras de mí, las rectas comienzan a doblarse, lentas pero seguras, derritiéndose cual obra de Dalí. Los vértices del techo pierden la continuidad, haciendo que su rígida plataforma se suavice; moviéndose como una gran bandeja invertida que oscila inclinada sobre un eje invisible. En las paredes, las baldosas vibran a un ritmo y la bañera a otro. Las plantas se estiran y encogen como si fuesen de goma. La luz encubre algunos objetos a la vez que descubre formas geométricas nuevas para mí. Hay en el espacio una calma atrapada en el aire de recambio, como un fluido en suspensión dentro de otro más pesado; alumbrado por la mezcla de neón y luz natural que se cuela por la ventana.

El tiempo va y viene en muchos sentidos. Se pierde la estructura horaria, descosiéndose en un haz infinito de instantes que se mueven al ritmo de mis párpados hacia adentro y hacia afuera, de un lado a otro, de arriba hacia abajo, al futuro y al pasado. A veces se vuelve circular, otras veces se transforma en una espiral, pero no fluye; más bien lo invade todo instantáneamente; suave e implacable.

En ese espacio y ese tiempo trastocados, las ideas entran y salen de mi cabeza, siguiendo el pulso de los objetos inmersos en el ambiente intratemporal. Mi mente se deja llevar por el tráfico desordenado de pensamientos que se agolpan en cada resquicio de materia gris para intentar ver la luz a través de mis ojos. Ni me tomo la molestia de intentar organizarlos, prefiero dejarme llevar por ellos y participar en esa suerte de malabarismo caótico que me empujará a descubrir algo inimaginado hasta ese mismo momento.

Mucho más que un refugio del pensamiento, el baño se ha convertido en mi celestina espiritual y física. Es allí donde me encuentro con mi amante. Me visita cada noche, escondido en algún lugar de la casa, donde nadie lo puede encontrar. Paciente, espera el instante en que entro al baño, siguiéndome de cerca pero sin que lo perciba. Dejo la puerta entreabierta en una invitación perenne, segura de que no me defraudará.

Mi ritual del baño es lo más importante del día. Es la oportunidad de olvidar por un rato la rutina del diario vivir; de deshacerme y volverme a hacer a mí misma. La bañera se convierte en mi pedacito de mar particular; el inverso perfecto de una isla privada, bordeada por velas que regalan la luz precisa para el descanso del espíritu. La taza de té caliente exhala su aroma a vainilla desde el saliente izquierdo, y sobre el derecho descansan dos trufas de chocolate amargo. Todo está listo. Abandono las ropas que me atrapan inclementes y, solemne, entro a la bañera, donde aguarda el elemento sanador.

El agua salada y tibia relaja mis sentidos, limpiándolos de cualquier resto de sensación que haya quedado atrapada en mi cuerpo por error. La luz tenue y el divino maná tranquilizan mi alma, desahogándose entera en un hondo suspiro.

Es entonces cuando mi amante viene a mí. La única intromisión permitida en mi nirvana. Sutil, se desviste y entra a hacerme compañía en mi paraíso acuático. Se me acerca por la espalda, despacio, recorriéndola de abajo hacia arriba con las manos abiertas en abanico. Me abraza luego por los hombros y, ceñido a mí, besa suavemente mi cuello una y otra vez. Con cada beso, la piel de todo mi cuerpo se va erizando más y más, imitando una tunera brava en flor. El placer es tal, que por un momento nos convertimos en tortugas marinas y danzamos al compás de los tímidos cirios de la noche.

Mi amante no me da tregua; me ataca y me cuida, besándome, acariciándome, abrazándome con todas sus fuerzas para después soltarme, gentil y delicado, seguro de que regresaré inmediatamente a buscar refugio en su pecho. Jugamos, reímos, sentimos, amamos. Compartimos la relación más profunda y honesta, sin condición ni préstamo de emociones. Nos volvemos energía pura en la intimidad del baño, mientras que en el resto de la casa la rutina continúa su camino, inclemente, definiendo las vidas de quienes se dejan llevar por ella. Me alivia saber que eso no me sucederá a mí. En ese rato existimos sólo dos, y nos deja sin cuidado cualquier otra cosa que pueda suceder.

Al final, extasiados y llenos de vida, mi amante secreto se despide en silencio, los ojos prometiéndome que volverá mañana. Luego se desvanece, dejando en la alfombra sólo sus huellas mojadas junto a las mías. Una vez más, he recobrado mi alma.



©2005 PSR
fragmento tomado de un trabajo en proceso

miércoles, 10 de febrero de 2010

BESOS

“…Tal vez lo que más extrañe de mi juventud sean los besos que fui descubriendo a lo largo del camino. Primeros besos, besos de despedida. Besos largos, cortos, minúsculos, mayúsculos. Besos con diferentes sabores, olores, temperaturas. Besos con diversos grados de tensión; besos suaves y besos apasionados. Besos descarados, besos robados. Besos dulces, besos amargos. Besos imprevistos, besos obligados. Besos tembolorosos y besos seguros. Besos divertidos, besos locos, besos tristes. Buenos besos, malos besos. Besos en el cine, en una fiesta, en un concierto, en la puerta de mi casa, bajo la lluvia, en mi habitación, en el carro, en el ascensor, en la playa, en el campo, en el agua. Besos a la luz del día y besos en la oscuridad de la noche. Besos al bailar y besos al soñar. Besos escondidos y besos descubiertos. Besos de ensayo y error, y besos perfectos. Besos atléticos y besos torpes. Besos en la boca y besos en el cuello; besos en la cara y besos en el cuerpo. Besos franceses y besos de esquimal. Besos en susurro y besos a gritos. Besos leves y besos fuertes. Besos mordidos y besos acariciados. Besos callados y besos escandalosos. Besos tiernos, sutiles, honestos, profundos. Besos...besos. Aquellos besos. ¿Dónde quedaron los besos, Sebastián? ¿Se perdieron o murieron? ¿Acaso se acabaron o se fueron deshilachando con los años? Ya no me robas el aliento. Ya no me haces temblar, Sebastián…”.


©2005 PSR
fragmento tomado de un trabajo en proceso